Capítulo 137 "¡Ojalá se queden juntos para siempre!", pensó ella.
Adrián se quedó mudo.
—¿Olivia? —la llamó por su nombre después de un largo rato, como si intentara confirmar que lo decía en serio.
Ella sonrió.
—Ya es tarde, me voy a dormir.
Que él siguiera sufriendo por su gran amor.
—Espera un poco antes de dormirte —insistió él, sin darse por vencido.
Ya le había dado la espalda, pero Adrián siguió hablando.
—Nos conocemos desde hace doce años. Por el tiempo que llevamos de conocernos y por los momentos en que llegamos a entendernos, ¿podrías retirar la demanda?
Su tono era de súplicа.
Alguien tan orgulloso como él le estaba rogando por Paulina. Incluso estaba usando sus doce años de conocerse como moneda de cambio.
Por más que ella dijera que ya lo había superado, no pudo evitar sentir un nudo en la garganta.
—Adrián, ¿me estás proponiendo un trato? Si acepto esta vez, ¿se borran nuestros doce años de historia?
Él se quedó callado por un largo tiempo.
La noche quedó en silencio.
El cansancio hizo que a Olivia le diera sueño rápidamente. Ya no le importaba lo que Adrián pudiera decirle a sus espaldas. Le pesaban los párpados y cayó en un sueño profundo. No supo en qué momento se durmió él; solo recordó haberlo escuchado hablando por teléfono. Tenía la voz muy baja, así que no entendió qué decía, aunque la verdad, tampoco le importaba.
Al despertar al día siguiente, se sintió mucho mejor.
Aunque todavía le dolía el cuerpo al moverse, ya era algo soportable.
Decidió ir de todos modos a la clínica para su sesión de acupuntura y rehabilitación. Después de eso, regresaría a casa de su abuela.
Así que, después de desayunar, mientras empacaba las cosas que se llevaría, alguien entró. Abrió la puerta y pasó.
En ese momento, Rosa estaba limpiando la casa. La única persona que podía entrar así era Adrián.
Pensó que era él, así que ni siquiera volteó a mirar, hasta que escuchó una voz a sus espaldas:
—Olivia.
Era Paulina.

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