Capítulo 140 Lo que dijo Rosa dejó a Olivia muy sorprendida.
Desde que se casó, Rosa la había cuidado con toda la dedicación del mundo, incluso apoyándola siempre de mujer a mujer. Sin embargo, como decía Adrián, él era quien le pagaba el sueldo y, al final, ella le debía obediencia.
En ese momento, la señora la sujetaba del brazo con fuerza. Era la primera vez que desafiaba a Adrián; aunque estaba temblando un poco, se veía muy decidida.
Paulina volvió a lloriquear. Se mordió el labio y bajó la cabeza sin decir nada, fingiendo que estaba muy dolida.
Adrián no soportó verla así. Su expresión cambió y su mirada se volvió pesada, llena de autoridad.
—Doña Rosa, ¿ya no quiere trabajar aquí?
La mujer se estremeció. Tenía miedo, era obvio, pero aun así no se dio por vencida.
La mirada de Adrián se volvió aún más oscura.
—¿Y qué hay de su hija? ¿Tampoco quiere que siga estudiando?
Ese era el punto débil de Rosa.
Venía de Santa María; le había costado mucho escapar de un esposo que la golpeaba y le era infiel para buscarse la vida en la ciudad con su hija. Como cuidaba tan bien a Olivia, Adrián se había encargado de conseguirle una escuela a la niña.
¡Qué despreciable era Adrián por usar eso para amenazarla!
—¡Adrián! —gritó Olivia, furiosa—. ¿Cómo puedes amenazarla con eso? ¿No tienes sentimientos?
Él no se dejó provocar. Con una actitud prepotente, respondió:
—Como dueño de una empresa, si contrato a alguien que no obedece y ni siquiera sabe lo que es el respeto, ¿para qué me sirve tenerla trabajando para mí?
—¡Adrián! Eres un...

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