Capítulo 145 Adrián llegó a casa ya de noche.
Esta vez, Olivia estaba viendo una serie, de esas en las que no hay que pensar.
Se dio cuenta de que la trama de la serie se parecía muchísimo a su propia vida. Hasta el protagonista, que al principio era súper inteligente y calculador, se volvía ciego y torpe en cuanto conocía a la villana de la historia. Aunque las situaciones eran distintas, el resultado terminaba siendo el mismo.
Al ver cómo la villana traía al protagonista de un lado para otro, pensó en Adrián y la situación le pareció tan graciosa que hasta se carcajeó.
Adrián entró cuando ella se reía.
Por supuesto, ella también había escuchado sus pasos.
Al principio, pensó que él le haría algún comentario sarcástico. Después de todo, era seguro que su querida Pau no había tenido un buen día. Y si ella estaba triste, y encima por culpa suya, ¿cómo iba a dejarla en paz?
Para su sorpresa, no lo hizo.
Él entró con su maletín en la mano y habló mientras se aflojaba la corbata:
—¿Qué estás viendo? ¿Qué te da tanta risa?
—Ah, estoy viendo a unos idiotas hacer el ridículo.
"Hablo de ustedes, ¡bola de idiotas!", pensó con ironía.
Él rio con sarcasmo.
—Se ve que te la pasas muy bien cuando estás sola.
—¿Y por qué no habría de estarlo? —le contestó Olivia mientras dejaba la tablet a un lado—. ¿Hay algo o alguien que valga la pena como para amargarme el día?
Adrián prefirió no seguirle el juego.
—No quiero volver a pelear contigo. Ya tengo todo listo; mañana vamos al despacho a firmar y con eso entra en vigor.
Sacó un fajo de hojas tamaño carta de su maletín y se las aventó.
—Revisa si quieres agregar algo.
Olivia las agarró y vio que era el contrato que le había exigido preparar ese mismo día.
Se notaba que era dueño de una empresa; el texto iba al grano. Dejaba muy en claro las tres condiciones que ella había pedido, con una redacción impecable y sin omitir nada. Lo leyó tres veces seguidas para asegurarse de que Adrián no estuviera jugando con las palabras. Luego revisó la parte que ella debía cumplir, que era retirar la denuncia.
Parecía que, para evitar que ella se echara para atrás, lo había detallado todo a la perfección: cuándo se hizo la denuncia, por qué se hizo... Todo estaba súper especificado para que ella no encontrara ninguna excusa para zafarse. Sin embargo, también confirmó que no le había puesto ninguna trampa.

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