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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 146

Capítulo 146 Adrián parecía estar de muy buen humor ese día. A pesar de lo que ella había dicho, no había rastro de enojo en su mirada. Solo la observaba con tranquilidad, y hasta parecía tener una sonrisa asomando en los bordes de sus labios. Llevaba el cuello de la camisa desabotonado y las mangas arremangadas, estaba recostado contra el respaldo del sofá con una actitud muy relajada.

—Ya vi las grabaciones de seguridad de hoy —dijo él, entrecerrando un poco los ojos.

"¿Y eso qué? Seguro va a buscar cualquier excusa para justificar a Paulina", pensó Olivia.

Él sacó su celular y empezó a teclear algo.

Olivia sintió que su celular vibraba. Al revisarlo, se llevó una sorpresa: Adrián le había transferido cien mil dólares a su cuenta de banco.

—Pau se dejó llevar, es cierto, pero fue porque se sintió atacada. Además, con todo el problema legal que trae encima, la desesperación le ganó. En cambio tú, que te llenas la boca diciendo que eres mi esposa, no tienes ni un poco de empatía. —Dejó el celular a un lado—. Ya me disculpé por ella, señora Vargas.

Pronunció lo de "señora Vargas" con un tono de burla.

"No me sorprende",pensó Olivia. "Sabía que iba a inventar excusas para defenderla. Para él, Paulina siempre tiene la razón y yo soy la única que hace dramas de la nada".

No tenía caso seguir discutiendo y tampoco planeaba hacerlo. Aun así, recibir esos cien mil dólares como pago por su silencio era una ganancia inesperada.

Nadie está peleado con el dinero, ¿no?

Y en cuanto al amor, era algo que no existía entre ellos, así que cualquiera podía quedárselo.

Aceptó la transferencia y se fue a su cuarto a dormir, con el celular en la mano.

Adrián la siguió.

—Por esos cien mil dólares que te acabo de dar, ¿no piensas prepararme algo de comer? —le dijo con pereza mientras caminaba tras ella.

¡Olivia no creía que no hubiera cenado afuera! Con lo mal que la había pasado su querida Pau, ¿no se quedó a consolarla?

—Doña Rosa ya está durmiendo, así que por favor no vayas a molestarla. Ella también necesita descansar — le respondió de forma tajante sin darse la vuelta.

—¿Y cuándo dije que iba a molestar a doña Rosa? ¿No me puedes servir ni un vaso de leche tú, ya que eres mi esposa? —insistió él, pisándole los talones.

—La leche está en el refrigerador. Si todavía te sirven las manos, puedes abrirlo y servirte tú mismo.

"Volvió a tomar", pensó Olivia. "Con razón se está comportando tan raro".

—Eres una malagradecida, ¡te di esas fajitas y parece que se las eché a los perros! —le reclamó, aún sobre ella, como si estuviera resentido.

—¡Basta! —lo interrumpió ella. ¿Ahora quería hablar de la prepa? ¿No había dicho que en ese entonces todo lo que ella hacía era para coquetearle? ¡No estaba dispuesta a soportar eso!—. Ya deja de mencionar lo que pasó en la preparatoria. Ya me olvidé de todo eso.

Él seguía recargado sobre ella, con la cara a menos de diez centímetros de la suya. Sus ojos oscuros la escrutaban con fijeza.

—¿Lo olvidaste?

—Sí. —Y tampoco tenía intenciones de recordarlo.

Adrián le apartó los mechones de cabello que le caían sobre la cara y la tomó de las mejillas. Sus dedos olían a alcohol.

—Con razón Beto dice que cuando una mujer se pone celosa, es capaz de destruir el mundo entero. — Suspiró—. Sigue negándolo si quieres.

—Adrián —dijo ella, marcando bien cada palabra—. Te lo voy a repetir una vez más: no estoy celosa.

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