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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 150

Capítulo 150 —Con todo esto, en serio creo que vas a tener problemas legales con tus bienes más adelante.

—No va a pasar —dijo Adrián, de pie junto al auto, con el celular en la oreja.

—¿O ya pensaste cómo esconder el dinero?

—No pienso esconder nada —suspiró Adrián—. Hugo, nos conocemos desde hace años. ¿No sabes qué clase de persona soy? No la voy a engañar. Las propiedades, el dinero... todo eso es material. De por sí ya le debo demasiado. Por mi culpa, le arruiné la vida entera a una bailarina. ¿Con cuánto dinero se paga eso? Es invaluable, Hugo.

—Entonces...

—Entonces, si quiere dinero, se lo doy. Lo que me pida, se lo voy a dar. Ella es mi esposa ante la ley. ¿Mi dinero no es de ambos? Eres abogado, jno entiendo cómo me preguntas esto!

—No es eso. Es solo que... ¿qué va a pasar entonces con tu amor del pasado?

—Ella... Nos conocimos cuando no teníamos nada.

Para ella, los sentimientos valen más que cualquier otra cosa.

—Está... bien —aceptó el abogado, tragándose el resto de sus palabras. "Señor Vargas, ojalá todo salga como espera. Eso de los sentimientos... En fin, he visto demasiadas cosas en este trabajo", pensó.

Adrián colgó la llamada y estaba a punto de subirse al auto cuando recordó que no traía su portafolio. AlI darse la vuelta, descubrió a Olivia parada detrás de él.

Tenía el maletín en las manos y una actitud algo confundida.

—¿Qué pasa? —preguntó.

Ella reaccionó como si despertara de un sueño.

—Nada, aquí tienes tu portafolio.

Le extendió el maletín.

Adrián sonrió.

—Vaya, cinco palabras seguidas. Nada mal.

Olivia guardó silencio.

—Voy a la oficina. Tengo unos asuntos urgentes que atender —le avisó él. Tomó el maletín, se subió al auto y se alejó a toda velocidad.

Olivia se quedó mirando cómo el auto desaparecía a lo lejos. De pronto, sintió un inmenso vacío.

*** Para cuando terminó su sesión de acupuntura, ya era casi mediodía. Salió a comerse unas quesadillas rápidas por ahí cerca y regresó a la clínica para esperar su terapia de rehabilitación.

La sala de rehabilitación tenía camas donde los pacientes podían descansar. A las dos de la tarde, comenzó sus ejercicios con la ayuda de un enfermero. Ese día se sintió mucho mejor que el anterior; el dolor había disminuido bastante. Aunque seguía siendo agotador, logró terminar la rutina con éxito.

Al terminar la terapia, se dio un baño y se puso la ropa limpia que había llevado. Pidió a un repartidor de aplicación que llevara su ropa sucia a la casa, y luego se fue a su encuentro con Daniela.

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