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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 172

Capítulo 172 —Abuelita... —Olivia pensó que ya no tenía caso seguir ocultándoselo a Mercedes—. Nosotros en realidad no hacemos buena pareja. Ya sabes que solo se casó conmigo porque le salvé la vida hace tiempo, pero la verdad es que no le gusto, y él tampoco me gusta. Es mejor que nos separemos.

Mercedes suspiró y la abrazó.

—El matrimonio no se puede forzar, mi niña, lo entiendo. Si no eres feliz, separarse es lo mejor. Pero faltan pocos días para que te vayas del país, ¿piensas irte sin decirle nada?

De hecho, no es que Olivia no quisiera decirle, sino que tenía el presentimiento de que, si abría la boca, Adrián haría lo imposible por detenerla, y quién sabe qué otros problemas le causaría. Así que prefería no decir nada; cuando ella se fuera, él lo entendería por su cuenta.

—Sí le voy a decir, abuelita, solo estoy esperando el momento adecuado.

"El día que me vaya, le dejaré una carta", pensó, apoyándose en el hombro de Mercedes.

—Abuelita, hoy voy a dormir contigo.

—¡Claro que sí! —respondió Mercedes, dándole unas suaves palmadas en la espalda con cariño.

—Abuelita, en unos días van a mandar el pasaporte a la casa, así que no te preocupes. Cuando regrese, te llevaré a tramitar la visa. Ya verás que en agosto podremos ir juntas a reunirnos con mi tía Lorena.

—Sí, mi niña, ya lo sé.

Al despertar, comenzó la cuenta regresiva: faltaban solo cinco días.

Durante esos cinco días, no pensaba regresar a casa.

Su plan era ir todas las mañanas a la clínica.

Ya que el doctor Fuentes era tan dedicado y quería que completara su rehabilitación, ella se esforzaría por resistir unos días más. Por las tardes, volvería a casa de Mercedes para dedicarse a hacerle compañía.

Sin embargo, esa mañana, cuando ella y su abuelita se sentaron a desayunar, escucharon ruidos en el patio.

—¡Mamá! ¡Mamá!

Para su sorpresa, era su padre, Ernesto.

Olivia arrugó la frente.

"¿Qué hace él aquí?" Aún no terminaba de procesarlo cuando Ernesto irrumpió en la casa, seguido muy de cerca por Eugenia, la madre de Olivia, y su hermano menor, Mateo.

—¡Olivia! Hoy es el cumpleaños de tu papá, ¿no crees que deberías mostrarle un poco de respeto y ser buena hija? —intervino Eugenia, dando un paso al frente para manipularla con culpa.

—¿Su cumpleaños? —le respondió Olivia a su madre—.

A ver, dime, ¿qué día es mi cumpleaños?

En toda su vida, sus padres jamás le habían celebrado un cumpleaños. Siempre había sido Mercedes quien lo hacía. Después de casarse, Adrián la acompañaba a casa de su abuelita para festejar y le llevaba regalos.

Claro que, tiempo después, cuando se enteró del verdadero significado del reloj que le dio, le dio asco, pero esa era otra historia. El punto es que, en más de veinte años, sus padres nunca se habían interesado en su cumpleaños. Tampoco se acordaban jamás del cumpleaños de Mercedes.

—Bueno, este... —titubeó Eugenia, sin saber qué decir.

—¿Desde cuándo los hijos están exigiéndole a su madre que les celebre su cumpleaños? —le reclamó Ernesto, poniéndose a la defensiva.

—Ah —respondió Olivia—. ¿Así que estás muy consciente de que los hijos no deben exigirle cosas a su madre por sus cumpleaños? ¡Entonces devuélvele su dinero a mi abuelita!

—¡Tú...! —gritó Ernesto, levantando la mano una vez más para golpearla.

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