Capítulo 171 Olivia lo miró pasmada.
—¿Sí tienes problemas con eso?
Adrián se quedó mudo.
—¡Mide tus palabras! ¡Usa la cabeza! —estalló, ya bastante molesto.
Olivia apartó su mano de un manotazo.
—Mira, te lo pongo así: a la gente le molesta más que le señalen lo que le falta. Por ejemplo, si una mujer es muy guapa y alguien le dice que es fea, le da igual, porque sabe que es atractiva. O en mi caso, si antes alguien hablaba de mi pierna, me daba muchísimo coraje, porque de hecho sí la tengo mal.
—¿Y eso qué? ¿A dónde quieres llegar con tanto rodeo?
Olivia puso los ojos en blanco.
—Pues eso. ¿Te pones tan a la defensiva porque de hecho sí tienes problemas en la cama? Si no fuera cierto, ni te importaría lo que acabo de decir.
—Olivia... —Ese sujeto ya estaba perdiendo los estribos por el coraje—. Ya me di cuenta de que ahora saliste muy respondona, quién lo diría. ¡Doce años de conocerte y nunca habías tenido la lengua tan suelta!
¿Quién te enseñó a contestar así?
Ella se limitó a resoplar.
—Hay muchísimas cosas que no sabes de mí.
—Ah, ¿sí? ¿Y qué más se supone que no sé?—Su mirada perdió brillo—. Por ejemplo, ¿tus aventurillas con ese escuincle que baila?
—¡Adrián! ¡A ver si me respetas!
Ese tipo era una porquería, ¿creía que los demás eran iguales a él?
—¿Que te respete? ¿A la "señora Vargas"? Y tú, ¿ alguna vez has respetado a tu esposo? O mejor dicho, ¿has respetadoa quien te mantiene? —La levantó por la cintura de un solo movimiento—. Te gastas mi dinero para ir a juntarte con gente de dudosa reputación que te enseña a contestarme, y luego vienes a tirarle tierra a tu marido. ¿Crees que eso es justo para mí?
—¿De dudosa reputación? ¡El único de dudosa reputación aquí eres tú! ¡No creas que todos son iguales a ti! —le respondió Olivia, furiosa.
Adrián dio unos pasos hacia la cama y se dejó caer sobre el colchón junto con ella.
—¡Ya vi que no sabes con quién te estás metiendo!
—¡Suéltame! ¡No quiero tener que volverte a jalar el cabello ni morderte el hombro!
—jA ver, muérdeme! ¡Hazlo! —Hizo el ademán de querer arrancarle la pijama—. Ya que te la pasas gastando mi dinero y disfrutando de los beneficios de ser la "señora Vargas", jasí me arranques el cuello a mordidas, hoy vas a cumplir con tus obligaciones!
Resulta que a eso se refería con las obligaciones de esposa...
A Olivia le daba flojera hasta hablarle, así que prefirió defenderse físicamente. Pero por más fuerte que le clavara los dientes en el hombro, él no la soltaba. AI contrario, le habló con más agresividad:
—¡Muérdeme! ¡A ver si muy dura, arráncame el pedazo de carne! ¿No estabas diciendo que no servía en la cama? Si ni siquiera lo has comprobado, ¿cómo estás tan segura de que no puedo?
Olivia terminó por cansarse de morderlo y lo soltó. De reojo vio el florero en el buró y lo agarró.
—¡Suéltame! ¡O te rompo esto en la cabeza, te lo juro!

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