Capítulo 173 Olivia levantó la cabeza y miró a su padre a los ojos.
Su actitud parecía desafiarlo a que la golpeara de una vez.
Eugenia le jaló el brazo a Ernesto, haciéndole señas con los ojos de forma insistente.
—Ya está grande y tiene su orgullo, ¡no le levantes la mano!
Ernesto entendió la indirecta. No se detuvo porque su hija ya fuera adulta, sino porque las cosas habían cambiado. Ahora ella era la esposa de un empresario exitoso, jy la familia todavía necesitaba que Adrián los mantuviera!
Respiraba con dificultad por el coraje, pero se tragó el enojo.
Eugenia adoptó una postura maternal para sermonearla.
—Olivia, tu padre y yo te criamos. Por lo menos deberías ser un poco agradecida.
—¿Ustedes me criaron? —respondió Olivia—. ¿Me dieron de comer o me pagaron la escuela? ¡La única que me ha cuidado toda la vida es mi abuelita!
Eugenia se quedó sin palabras por un segundo y se puso roja de vergüenza.
—¡Nosotros te dimos la vida! —exclamó—. ¿Existirías sin nosotros? ¡Tan solo por eso deberías mostrarle respeto a tu padre hoy!
—Ah, ¿sí? —Olivia volteó a ver a Mateo—. Si dar la vida es un favor tan grande, ¿me pueden decir cuánto dinero les dio su adorado hijo hoy para agradecerles?
Ya que insisten, me sacrificaré y les daré exactamente la misma cantidad que él.
Mateo se puso colorado.
—¿Por qué me metes? ¡Yo no tengo nada que ver en esto!
—¿Cuánto les dio? ¡A ver, díganme! —insistió Olivia.
Sabía que no les había dado ni un centavo.
La cara de Ernesto se encendió de furia.
—¿Cómo te atreves a compararte con él? ¡Le ha costado mucho levantar su negocio! Además, ya se va a casar. Tampoco te estoy pidiendo tanto, me conformo con que nos des el dinero para la casa que te pedí la otra vez.
—Tu padre tiene razón, Olivia. La situación de tu hermano es distinta —intervino Eugenia, intentando sonar conciliadora—. Tú tuviste suerte de casarte con alguien rico. Tienes la vida resuelta. Hay gente que trabaja toda su vida y no junta ni lo que a ti te sobra.
Deja de preocuparte por cuánto dinero de Adrián gastas, ¿no es su obligación mantenerte? Deberías apoyar a tu propia sangre; a fin de cuentas, nosotros somos tu verdadera familia.
Olivia rio de puro coraje. ¡No podía creer que existiera gente tan descarada!
Mercedes temblaba de indignación.
—¡Ustedes no tienen vergüenza! —les reclamó—. ¡No actúan como padres de verdad! Con razón nunca han podido tratar igual a sus dos hijos. Si no la van a ayudar, ipor lo menos dejen de ser una carga para ella!
Eugenia torció la boca.
—Suegra, no sea tan injusta. ¡Es fácil ver que tiene a su favorita! Mateo también es su nieto. ¿En dónde se ha visto a una abuela que defienda más a la nieta que al varón?
—¡Qué me importa si es el varón! —respondió Mercedes, furiosa—. ¿El muchacho lleva mis apellidos?
—¿Entonces ya no se considera parte de esta familia?
—Eugenia puso los ojos en blanco, pero de pronto se le iluminó la cara—. Suegra, ¿no me diga que ya se fijó en otro viejito? ¿Por qué más estaría diciendo esas locuras?
Ernesto también la miró con recelo.
—¡Mocosa insolente! ¿Así le hablas a tu propio padre?
—le reclamó Ernesto.
Olivia suspiró.
Eugenia aprovechó la pausa para recoger unas bolsas que habían dejado en el suelo.
—Miren, en serio vinimos de visita. Suegra, Ernesto sabe que usted luchó mucho todos estos años, así que decidió que en su cumpleaños le tocaba consentirla. Hoy yo me encargo de hacer la comida.
Vamos a pasarla bonito y en familia.
Mercedes conocía a la perfección los trucos de ese par. Sabía que no daban paso sin huarache y presentía que esa comida les iba a salir muy cara.
—No se molesten. Mejor llévense sus cosas y coman en su casa.
—Ay, suegra, ¡qué cosas dice! No sea tan rígida. Yo me meto a la cocina —dijo Eugenia.
Ignorando las quejas de Olivia y de la anciana, agarró las bolsas y se metió a la cocina.
Como Mercedes ya estaba grande y Olivia todavía tenía problemas con la pierna, ninguna de las dos pudo hacer nada para detenerla.
—Déjalos aquí, Oli. Mejor vamos nosotras a dar una vuelta —murmuró su abuelita, prefiriendo evitar el pleito a toda costa.
—¡Mamá, por favor! —exclamó Ernesto—. Tu hijo, tu nuera y tu nieto venimos desde lejos a visitarte, ¿y tú te quieres ir? ¿Sabes lo mucho que me duele que me desprecies así? ¿Ya no me quieres? ¿Tampосо quieres a Mateo?
Mientras hablaba, apretó los ojos con tanta fuerza que logró que se le pusieran un poco llorosos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...