Capitulo 174 Capítulo 174 Mientras hablaba, Ernesto le dio una patada disimulada a Mateo para que le siguiera la corriente.
Él se acercó de muy mala gana, poniendo cara de víctima.
—Abuelita, cuando era chiquito yo era tu consentido, ¿ verdad? ¿Ahora ya solo quieres a mi hermana? ¿Me haces menos porque no tengo un buen trabajo y no gano tanto dinero como ella?
—¡Puras mentiras! —Mercedes temblaba del coraje—.
Aparte de ustedes tres, ¿a quién más en esta casa le importa ese dinero?
—Abuelita, entonces ¿por qué ya no me quieres? Me pone muy triste pensar que ya no te importo...
Mateo parecía estar a punto de llorar.
Al tratarse de su nieto, Mercedes no tuvo corazón para decirle palabras más duras. Solo se le llenaron los ojos de lágrimas, sintiéndose muy herida.
Olivia, en cambio, le reclamó furiosa:
—¿Que la abuelita no te quiere? Mateo, ¿cómo puedes decir algo tan descarado? Cuando eras niño, tus papás se la pasaban en la fiesta. ¿Quién te cuidó? No tenían ni para la fórmula, ¿quién crees que la compró para sacarte adelante? Cuando te enfermabas, ¿quién pagaba los doctores? ¿Quién se quedaba noches enteras cuidándote? Cuando entraste a la universidad y tus papás no tenían ni un centavo partido por la mitad, ¿quién te pagó la colegiatura? ¿Quién te daba para tus gastos cada mes? El poco dinero que tenía la abuelita nos lo acabamos nosotros, ¿con qué cara te atreves a decir que no te quiere?
Mateo volteó la cara hacia otro lado.
—Ese fue mi abuelo, ¿no? Él sí era el que más me quería.
—¡Ah, perfecto! Así que el abuelo era el que más te quería, ¿no? —asintió Olivia—. ¡Pues ve a buscarlo! ¡Ve a pedirle que invierta en tu empresa o que te consiga proyectos! ¡Ve y dile que te compre una casa para que te cases!
Mateo se molestó aún más.
—Pues eso es porque mi cuñado tiene dinero.
Olivia se rio con sarcasmo.
—Entonces, ¿a qué vinieron hoy? ¿Por qué se hacen los amables? ¿Qué están tramando?
—Ya te dijimos que venimos a ver a la abuelita. ¿Por qué siempre piensas lo peor de nosotros?
—Sí, sí, solo vinimos a verla. Olivia, ya deja de pelear.
Eugenia salió de la cocina, todavía con un pedazo de carne cruda en la mano.

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