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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 176

Capítulo 176 Olivia de plano no entendía por qué su familia le tenía tanto miedo a Adrián. De hecho, él era solo un hombre normal, no era ningún sicario ni tenía la afición de asesinar gente sin dejar rastro.

Todo se reducía a que tenía dinero.

Hay personas que pisotean a los débiles y le lamen las botas a los poderosos; se portan de lo más prepotentes con los que no pueden defenderse, pero en cuanto se topan con alguien con dinero y poder, se encogen.

Si su papá se hubiera atrevido a enfrentársele a Adrián con la misma fiereza con la que las atacó a ella y a su abuelita hace rato, Olivia hasta lo respetaría un poco más.

Digo, si su papá, Mateo y su mamá se le echaran encima con pura fuerza bruta, ¿no podrían someter a Adrián?

Pero la verdad era que, en cuanto lo vieron llegar, se acobardaron.

Ese tipo de gente solo sirve para abusar de los más vulnerables.

¡Eran unos completos sinvergüenzas!

La llegada de Adrián le dio un giro de ciento ochenta grados a la situación en la casa.

Él pasó un brazo por los hombros de Olivia y el otro por los de Mercedes, adoptando una postura de protección.

—Voy a llevar a Olivia al médico para que le curen la mano junto con la abuelita. Así que ya lárguense.

Ernesto y Eugenia intercambiaron una mirada. Él sonrió con obvio nerviosismo.

—No nos vamos a ir. Nos quedamos aquí a cuidar la casa.

Adrián le devolvió una sonrisa sarcástica.

—¿Y en serio crees que te voy a dar permiso?

La sonrisa se le borró a Ernesto.

—Adrián, esta es mi casa, aquí crecí.

Dando a entender que Adrián no tenía ningún derecho a dar órdenes ahí.

Pero Adrián no cedió ni un milímetro.

—Cualquier cosa rara que notes, me llamas enseguida y le avisas a la policía.

Después, ayudó a Mercedes y a Olivia a subir al auto y manejó rumbo a la clínica comunitaria más cercana.

—Abuelita —empezó a decir, sintiéndose un pосо apenado, pues al final de cuentas Ernesto era el hijo de Mercedes—. Sé que hoy me pasé, pero al ver cómo le dejaron la mano a Olivia, no me pude contener. Si quiere regañarme, la escucho.

Sin embargo, la anciana solo sostuvo la mano lastimada de su nieta mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Es culpa mía. Fui yo... no fui capaz de ponerle límites a ese hijo mío. Es que no supe educarlo...

—No diga eso, abuelita. Yo soy de los que creen que la calidad de una persona ya viene de nacimiento —la tranquilizó Adrián—. Mi suegro siempre ha sido un irresponsable, pero como es el papá de Olivia, yo me aguantaba. Pero lo de hoy ya fue el colmo. Que él sea así no tiene nada que ver con su educación. Si así fuera, ¿cómo se explica que la tía Lorena y Olivia sean tan buenas personas? Así que no se culpe. Le tocó la mala suerte de heredarle lo peor a mi suegro, es algo que ya trae en la sangre.

A pesar de escuchar esas palabras, Mercedes no se sintió más aliviada.

En el fondo, sabía que el verdadero error había sido casarse con el hombre equivocado...

—Abuelita, ya no se ponga triste —le pidió Olivia, recargando la cabeza en su hombro—. Mi mano está bien, no es nada grave.

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