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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 175

Capítulo 175 Ernesto se acercó a Mercedes y le exigió:

—Mamá, si me das esta casa, te juro que me olvido del dinero. Si no, ¡vas a tener que darme un millón de dólares!

—¡Mejor mátame! —le gritó la abuela, dándole una cachetada a Ernesto—. ¡Mírame! ¡A ver si exprimiendo a esta vieja logras sacarle cien dólares!

—¡Ay, mamá, no te pongas en ese plan! —se quejó Ernesto, actuando como un vulgar delincuente—. Si no me quieres dar la casa, jentonces voy a tener que buscar tus ahorros por mi cuenta!

Con una sola mirada de Ernesto, Eugenia y Mateo se lanzaron junto a él hacia el cuarto de la abuela.

—¡Están en el cajón de en medio! ¡Rompan la cerradura! —gritó Ernesto mientras corría.

Olivia acomodó a la abuela en una silla y corrió a bloquear la puerta con su cuerpo.

—¡A ver quién de ustedes se atreve a entrar!

Ernesto se rio.

—Hija, estás coja, ¡no me digas que crees que puedes detenernos a los tres! Eres una lisiada, así que deja de meterte en lo que no te importa. Mejor vete a complacer a tu maridito millonario, con él no te va a faltar nada. ¡Mateo, empuja!

Olivia se aferró al marco de la puerta con todas sus fuerzas. Por más que empujaban, ella se negaba a ceder, al punto de que se le rompieron las uñas.

Sentía una impotencia terrible al ver que no podía detenerlos; su cuerpo no daba para soportar el ataque salvaje de esos tres buitres.

—¡Si alguno de ustedes pone un pie adentro, me mato aquí mismo! —gritó la abuela desde la sala. Había agarrado un cuchillo y se lo apuntaba al cuello.

A Olivia se le desgarró el alma y rompió a llorar.

—¡No, abuelita, por favor! ¡No lo hagas! Si te mueres, i les vas a dar exactamente lo que quieren!

Estaba desesperada y no sabía de qué otra forma detenerla; fue lo único que se le ocurrió decir.

El grito de su nieta hizo reaccionar a la anciana." Tiene razón. Si me muero, el dinero del banco y mi casa en Santa María... aunque no entiendo qué le ven a esta propiedad... todo se lo va a quedar este infeliz".

El cuchillo se le resbaló de las manos y cayó al piso.

Ernesto se rio de forma enferma.

—¡Ay, mija! ¡Qué buena hija me saliste! ¡A ver cuánto más aguantas!

Las uñas de Olivia estaban destrozadas y varios dedos le sangraban. Sintió que ya no podía resistir más, así que usó su propia cabeza para embestir a Mateo, que era el que estaba más adelante.

—¡Cállate! —lo cortó Adrián con el semblante duroSi antes te respetaba, era únicamente porque eres el padre de mi esposa. Pero para que te respete, primero tienes que portarte como un ser humano. Si decides actuar como una bestia, lo siento mucho, pero yo no me relaciono con animales.

Fue un insulto brutal, y más viniendo de alguien mucho menor que él. Sin embargo, Ernesto perdió toda esa arrogancia con la que había llegado. Aunque la cara le cambiaba de colores por la furia y la vergüenza, no se atrevió a hacer un escándalo. En lugar de eso, se acercó a Adrián con una actitud asquerosa y servil.

—¿Cómo crees? Si Olivia es mi niña, yo la adoro. Ya sabes lo que dicen: quien bien te quiere te hará llorar.

¿Verdad que sí, Mateo?

—¡Claro, cuñado! A mí mi papá también me agarra a golpes en la casa como si fuera hijo de un don nadie — afirmó Mateo, perdiendo sus ínfulas de niño mímado y agachando la cabeza.

Ernesto y Eugenia se quedaron mudos. "¿Hijo de quién?", pensaron al mismo tiempo.

A Adrián no le hizo ni un poco de gracia.

—No me interesa de quién seas hijo ni la clase de basura en la que te convertiste —le respondió—. Si te gusta que te traten como basura, es tu problema, i pero a mi esposa la respetas!

A Ernesto le temblaba la cara de puro coraje, pero no tuvo el valor de responder. Solo le dedicó una sonrisa forzada.

—Sí, sí, tienes toda la razón. Olivia tiene muchísima suerte de estar contigo.

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