Capítulo 189 ¡Entonces, que siguieran en su jueguito todo lo que quisieran!
Antes de dormir, Olivia aceptó dos pedidos más en Mercado Libre. Al pensar en que al día siguiente tendría mucho que enviar, el cansancio la venció y se quedó dormida rápidamente.
Adrián no regresó a casa esa noche.
Al despertar a la mañana siguiente, Olivia encontró un mensaje que le había llegado a las dos de la madrugada. Era una foto: Adrián dormido con el torso desnudo, mientras Paulina, con una pijama provocativa, se apoyaba en su hombro.
Olivia entró al perfil de Paulina. Tal como esperaba, ya había actualizado su estado con la misma fotografía, aunque le había puesto un filtro para ocultar la cara de Adrián. El texto decía: "Lo que más amo en el mundo es verte mientras duermes; podría hacerlo por diez mil años y nunca me cansaría. Mi amor eterno".
Por supuesto, los lujos que aparecían en la imagen, un bolso y una lámpara de marca, además de su vestido de diseñador, no tenían ningún filtro.
La sección de comentarios estaba repleta de elogios y envidia; la mayoría preguntaba dónde se podía conseguir un esposo así: millonario, atractivo y tan detallista.
Paulina respondía con el tono de una esposa orgullosa.
"Je, je, es que tuve mucha suerte"; "lo conozco desde la preparatoria, ya llevamos más de diez años juntos"; "solo tiene su propia empresa, le va bien"; "Ja, ja, no trabajo, no podría pagar mi sueldo..." Ese tipo de respuestas, que presumían tanto su relación como su dinero, hacían que los usuarios la envidiaran todavía más.
Olivia recordó una frase: "En internet, cada quien se construye la identidad que quiere".
Era obvio que Paulina disfrutaba de esa farsa.
Sin decir nada, Olivia grabó la pantalla para guardar la publicación y los comentarios. Luego se levantó, comenzó a empacar y marcó cada envío como realizado en la aplicación de Mercado Libre.
Adrián llegó a casa cuando el repartidor estaba recolectando los paquetes.
Se quedó de pie en la entrada, observando la pila de cajas que le llegaba a la cintura. Estaba atónito.
—¿Todo esto es ropa que vendiste? —preguntó.
—Sí —respondió ella sin inmutarse. Con los dedos todavía vendados, ayudó al joven de la paquetería a pegar las etiquetas de rastreo para que pudiera llevárselas.
Él la observó con una mirada afilada y de sospecha.
—Olivia, ¿qué tramas ahora? —Quiso saber.
—Vendo lo viejo —contestó ella.
—Ya sé que vendes cosas usadas, pero esto... ¿Estás desvalijando la casa? ¿Vas a venderlo todo?—А Adrián le parecía que algo estaba muy mal.
—Si no te deshaces de lo viejo, lo nuevo no llega —dijo ella. Aquella frase para despedirse de su antigua vida y avanzar hacia una nueva encajaba a la perfección en ese momento.
—Ah, ¿quieres comprar ropa nueva? —Él pareció entender la situación.
—Algo así —respondió. Al terminar de pegar el último código, le pidió al repartidor que se llevara todo—.

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