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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 193

 Capítulo 193 —¿Él te lo dijo? —preguntó Olivia, divertida.

—No hace falta que el señor Vargas me lo diga. — Camila hizo un puchero—. Todo el mundo sabe que no te quiere. ¿Quién no sabe que trata a su primer amor como a una princesa? Qué envidia...

—¿Tanta envidia le tienes? ¡Tú también podrías intentarlo! —Se rio Olivia con sarcasmo.

—¿In... intentarlo? —La mirada de Camila vaciló y empezó a tartamudear.

—ilntenta ver si el señor Vargas también te puede tratar como a una princesa! —Sonrió Olivia.

—¿Qué... qué estupideces dices? —Camila se puso roja.

—¡Olivia! ¿No puedes medir tus palabras? —Mateo también se enfureció.

—¿Yo? Mido muy bien lo que digo. ¡Los que no sé si tienen la mente tan limpia son otros! —Olivia sacó un montón de fotografías de su bolso y las arrojó sobre la mesa—. No me digas que no conoces a este hombre.

—¿Qué significa esto? ¿Mandaste a alguien a seguirme? —Mateo tomó las fotos para verlas y su expresión cambió.

—Tampoco hizo falta esforzarse mucho, después de todo, son bastante descarados —dijo Olivia con calma —. A este individuo lo llamas "Cisneros", ¿verdad?

Las imágenes mostraban a Mateo y a un hombre mayor en diferentes situaciones: comiendo, subiéndose a un auto y caminando juntos.

—¿Y qué tiene? ¿No puedo tener amigos? —La boca de Mateo ya se veía un poco pálida.

—¿Crees que habría venido a buscarte si no estuviera segura? —Sonrió Olivia—. Claro que Cisneros es tu amigo. Si no lo fuera, ¿cómo podrías confiar tanto en él? Si no lo fuera, ¿cómo podrías asociarte con él para robarle dinero a Adrián?

Qué clase de hermana eres? ¿Las hijas no ven primero por su propia familia? ¡Lo que deberías hacer es sacar dinero de la familia de tu esposo para ayudar a los tuyos! ¡Todas las buenas mujeres hacen éso!¿ Mereces llamarte su hermana? ¡Eres una desalmada!

—¡Que sea su hermana quien quiera serlo! —De todos modos, nadie en esa familia la había tratado nunca con dignidad. Olivia clavó la mirada en Mateo—. No tengo todo el día para aguantar tus rodeos. ¡O haces la llamada o te vas a la cárcel!

—¡No quiero llamarles y tampoco quiero ir preso! — Las piernas le fallaron a Mateo, quien cayó de rodillas y rompió a llorar a mares.

—¡Entonces la haré yo!

Olivia apenas había sacado su celular cuando escuchó una voz masculina proveniente de la puerta.

—No hace falta que llames. Ya llegamos.

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