Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 202

Capítulo 202 Olivia guardó silencio. De todos modos, estaba grabando todo lo que él decía; cuando la verdad sobre el asunto de la voluntaria saliera a la luz, le lanzaría esa grabación para ver qué tan duro era el golpe a su orgullo.

—En aquel entonces, la abuela también dijo que esa jovencita voluntaria, así de delgadita, que la bañaba y le daba sus medicinas, que la ayudaba a levantarse de la cama para ir a sus revisiones, era una muchacha muy, pero muy linda, con un corazón enorme. Y Pau, a pesar de los años, sigue siendo exactamente igual que en ese entonces...

Al llegar a ese punto, fue como si se acordara de que ella estaba ahí. Abrió los ojos y le sostuvo la mirada.

—¿Y tú?—le preguntó—. Solo yo te he lavado los pies.

Sí, era verdad. Él le había lavado los pies alguna vez.

Fue en la época en la que todavía no se recuperaba de su lesión. Había pasado muchísimo tiempo; tanto, que ella ya no quería asomarse a través de los años para revivir el dolor de aquellos recuerdos.

—¿No tienes nada que decir? —Él deslizó las manos hacia arriba y le sostuvo la cara—. Mi señora Vargas.

—Pues... —Ella lo meditó un segundo—. Pídele a Paulina que te los lave a ti alguna vez. A fin de cuentas, ella es experta en esas cosas.

O que se los lavara todos los días, si él quería. De todas formas, muy pronto ella ya no tendría que verlos nunca más.

—Tú... —Él le pellizcó la nariz de lleno, y con bastante fuerza—. Señora Vargas, ¿en serio no tienes corazón?

¿Cómo puedes estar tan muerta de celos?

Otra vez suponiendo que estaba celosa...

Él seguía sin entender que, cuando una esposa decía ese tipo de cosas, ya no se trataba de una rabieta de celos. ¿No se le ocurría que le daba todo igual?

—Suéltame, que me quedo sin aire. —Tuvo que abrir la boca para respirar y le dio un fuerte manotazo.

Él la soltó, pero echó la cabeza hacia atrás contra el respaldo del sofá y suspiró largo.

—Pau y yo no somos lo que tú te imaginas. Ella y yo...

Hizo una pausa.

—Olvídalo, no lo entenderías.

—No —dijo ella—. Ya ves lo que dicen de que no hay que tropezar dos veces con la misma piedra. En su momento, te botó como si fueras un zapato viejo, te mandó a volar lo más lejos que pudo. Y ahora que regresó, ahí vas de nuevo detrás de ella como un perrito faldero.

La voz de Beto retumbó a todo volumen desde el otro lado de la línea, pero, como Adrián estaba borracho, ni siquiera se dio cuenta.

Beto llamaba para preguntarle si ya había llegado a su casa.

—Ya llegué, ya llegué. Estoy bien, no te preocupes, Olivia está aquí en la casa.

—Precisamente porque Olivia está en tu casa es que no nos quedamos tranquilos. Tampoco está doña Rosa. Te dije que te fueras a dormir a casa de Pau y no me hiciste caso; ella sí te podría cuidar.

—No necesito que nadie me cuide, me las arreglo solo.

—Ah, por cierto, creo que el aire acondicionado de Pau tiene un problema...

Ambos siguieron hablando sobre Paulina durante un buen rato. Poco a poco, Adrián fue cediendo ante el cansancio y el alcohol; su mente se fue nublando hasta que, al final, el celular se le resbaló de las manos y quedó tirado en el sofá.

Beto, sin embargo, seguía hablando por la línea.

—Por cierto, eso de que me subiste el sueldo cien mil dólares al mes y de que me diste varios millones más en el bono de medio año... me lo tienes que guardar en secreto, ¿eh? ¡Porque si mi esposa se entera, ya me puedo ir despidiendo de ese dinero! ¿A Nico también le diste lo mismo o solo a mí? ¡Te pregunto porque me da miedo filtrarlo por accidente!

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)