Capítulo 203 Olivia tomó el celular y volvió a ponérselo en la oreja a Adrián. Del otro lado de la línea, Beto gritó un par de veces:
—Adri, Adri, no te habrás quedado dormido, ¿verdad?
—Mmm... —murmuró Adrián, aturdido por el alcohol—.
Cuida a Pau...
—Adri, ¿qué necesidad tienes? ¡Cuídala tú! —Beto dejó escapar un suspiro al otro lado de la línea.
Olivia no supo si le estaba fallando la vista, pero le pareció ver una lágrima resbalar por la comisura del ojo de Adrián.
Y cuando escuchó la voz entrecortada de su espoSo, confirmó que no se había equivocado; en verdad estaba llorando.
Con lágrimas en los ojos, él le dijo a Beto:
—Ya es imposible, en esta vida será imposible. Tengo que hacerme responsable de Olivia, no puedo... Pau...
Pau...
—Bueno, descansa, ya voy a colgar. Ay...
La llamada terminó con un largo suspiro de Beto.
Olivia dejó el celular al lado de Adrián, sin sentir ya ninguna alteración emocional.
"No pasa nada, Adrián, te voy a dejar el camino libre".
Agradecía aquella borrachera, pues le había resuelto el misterio.
Siempre tuvo la duda de cómo Adrián se las había arreglado para volver a comprarle una casa y artículos de lujo a Paulina, pero ahora lo entendía todo: lo había hecho a través de Beto.
Le había subido el sueldo mensual a su amigo y le había dado un bono de varios millones de dólares a mitad de año.
Adrián era bastante astuto, había que admitirlo; en efecto, no había roto ninguna de las tres condiciones de su acuerdo.
Sin embargo, al actuar de esa manera, ¿no le remordía la conciencia?
Ah, claro, lo había olvidado: su corazón siempre había tenido una clara preferencia.
Faltaban tres días para su partida. Es decir, cuando Olivia despertara a la mañana siguiente, solo le quedarían dos días para tomar su vuelo hacia la capital y reunirse con sus profesoras.
Para entonces, pasaría a recoger a su abuelita y volarían juntas a la capital para instalarse en la casa que la maestra Carmen ya había rentado. Después, ella y sus maestras tomarían un vuelo nocturno para irse del país.
Al regresar un mes después, ya no volvería a Altabrisa. Se quedaría en la capital para vivir una temporada corta con su abuelita mientras le tramitaba la visa; para entonces, ya casi sería hora de que empezaran sus clases.
Todo sonaba de maravilla en su cabeza; solo deseaba que las cosas salieran según lo planeado.
Para pasar esos dos días sin contratiempos, incluso decidió no salir de casa. Tenía muchísimas ganas de ver a su abuela, pero en ese momento tuvo que aguantarse las ganas de hacerle una videollamada, ya que Adrián seguía en casa, dándose un baño.
El ruido del agua no cesaba; de hecho, había sido ese mismo sonido el que la había despertado por la mañana.
Recordó la noche de su quinto aniversario; el sonido del agua había sido idéntico cuando sus últimas esperanzas en ese matrimonio se hicieron pedazos.
Parecía que todo había sucedido apenas el día anterior, pero emocionalmente sentía que había atravesado un largo y agotador viaje para llegar a donde estaba.
Mientras estaba perdida en sus pensamientos, la ducha se cerró.
Olivia no quería buscar problemas en un momento tan crucial; de lo contrario, le habría respondido sin dudarlo que, en efecto, sí lo estaba.
Al recordar que solo faltaban dos días para irse, se repitió a sí misma que debía ser paciente. Soportaría cualquier cosa con tal de poder irse sin complicaciones.
—Por cierto, ¿de qué hablé tanto con Beto? —preguntó él en un tono que pretendía sonar casual, aunque evitaba mirarla a los ojos.
¿Se sentía culpable?
Olivia se rio con ironía para sus adentros, pero en voz alta respondió:
—Ah, pues estaban hablando de su adorada Pau.
—No empieces con tu sarcasmo —le advirtió él, poniendo mala cara.
—¿Dije alguna mentira? Así la tienes guardada en tus contactos: Mi Amor Pau.
—Eso... —titubeó él—. Es de hace mucho tiempo, nunca lo cambié.
—Ah, bueno. Entonces cámbialo —lo retó ella a propósito.
—Olivia, ¿qué necesidad tienes de...?
—Ahí lo tienes. Tampoco te estoy obligando a que lo hagas. Si quieres decirle así, por mí no hay problema, no me importa. —Olivia volvió a tomar su celular para seguir viendo su programa. Tenía que admitir que había comediantes que nacían con un don; le bastaba con verlos a la cara para que le diera risa.
Cuando ella volvía a reírse a carcajadas, Adrián le tapó la pantalla del celular con la mano.
—¿Qué... qué fue exactamente lo que dije ayer?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...