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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 208

Capítulo 208 Ahora que estaban a salvo, el miedo seguía latente.

Julián le hizo una pregunta y ella asintió; las manos aún le temblaban un poco. En las muñecas, donde él la había sujetado, tenía unas marcas rojas enormes que le ardían con un dolor punzante.

—¿Cómo fue que apareciste? —preguntó Olivia, llena de dudas.

Resultaba que era la época de las fresas frescas en el estado vecino. Aunque no era una fruta costosa, a la mamá de Julián le encantaban. Con los servicios de paquetería actuales y el poder adquisitivo de la señora Beatriz, conseguir cualquier antojo era lo más sencillo del mundo.

Sin embargo, Julián prefería tener ese detalle con ella; cada año iba en persona a los huertos para recolectar las mejores y llevárselas hasta su casa.

Por esa razón, la noche anterior había ido a los plantíos y recolectó las más frescas durante la madrugada. Esa mañana regresó a Altabrisa y compró un boleto de avión para el mediodía con destino a la capital. De pronto se acordó de Olivia y decidió pasar a dejarle un par de cajas para que las probara, pero cuando llegó a su edificio, ella no contestó ninguna de sus llamadas.

En ese momento, vio a unas personas salir del ascensor cargando una caja de cartón enorme, y aprovechó para entrar con las fresas.

Él sabía más o menos en qué piso vivía ella.

Aparecerse así de la nada era un poco atrevido, pero esa fruta se echaba a perder muy rápido; si ella no estaba en casa, por lo menos podía dejárselas a la empleada para que las guardara en el refrigerador.

Sin embargo, no pudo subir.

Por suerte, un niño que vivía dos pisos más abajo pasó su tarjeta de acceso en el ascensor. Julián aprovechó el viaje hasta allí y terminó de subir por las escaleras de emergencia.

Al salir al pasillo, siguió marcando su número, pero Olivia no respondía. De hecho, alcanzó a escuchar el timbre del celular.

Enseguida notó que la puerta del departamento estaba entreabierta y el celular sonaba adentro.

Estuvo llamándola desde la entrada por un buen rato sin obtener respuesta, lo cual le pareció bastante extraño.

Hasta que vio el pedido de comida abandonado en la puerta, entendió qué era lo que no cuadraba: esos dos sujetos que acababan de salir del ascensor llevaban una caja de electrodomésticos gigante, pero uno de ellos traía puesto el uniforme de una aplicación de repartidores.

Bajó a toda prisa y salió corriendo a perseguirlos.

Pero ya era demasiado tarde, los dos individuos de la caja habían desaparecido.

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