Capítulo 221 Olivia no terminaba de entender cómo pensaba Adrián. ¿Cómo podía creer que ella y Paulina iban a viajar juntas sin ningún problema?
—Adrián, quiero hacerte una pregunta —dijo, mirándolo con una sonrisa—. Si nos vamos los cuatro, ¿cómo nos repartimos las habitaciones?
La pregunta lo dejó sin respuesta por un momento.
—¿Mi abuelita y yo en una, y tú con Paulina en la otra?
—insistió Olivia.
La cara de Adrián cambió.
—¿Qué estás diciendo? ¿No nos alcanza para tres cuartos?
—No sería la primera vez —respondió ella sin perder la calma—. En la capital, cuando fuimos juntos, yo me quedé sola en mi cuarto y tú te fuiste con Paulina, ¿o no?
—Eso fue... —Adrián no sabía cómo responder.
—¿Qué fue? —preguntó Olivia con una sonrisa tranquila—. ¿Que le habías prometido a Paulina que no ibas a tener ninguna intimidad conmigo?
Él rio burlonamente.
—Sabía que no se te había olvidado.
Se volteó y se le puso encima.
—¿No es esto lo que quieres?
Olivia no se movió. No opuso resistencia. Solo lo miró fijamente, como si él creyera que le estaba haciendo un favor y que ella debería agradecérselo.
—Me bajó el período —dijo.
Podría haberlo rechazado de otra manera, más contundente: armar una pelea, volver a morderlo hasta hacerlo sangrar. Pero estaba demasiado cansada. Ya no le daba la gana.
Adrián se quedó sobre ella, mirándola largo rato sin decir nada.
—Si es así, efectivamente la isla no sería la mejor opción —dijo al fin.
—No es que no pueda ir a Isla Palomar —aclaró ella—.
Es que no quiero ir de viaje con ustedes.
Era la verdad. Sus planes con su abuelita nunca lo habían incluido a él.
—Creo que ninguna de las dos quiere estar cerca de ustedes.
Ella y su abuelita estaban a punto de comenzar una vida nueva. Adrián era como una herida vieja que nunca había cerrado bien; ya era hora de limpiarla de una vez y dejar que sanara de verdad.
Su abuelita, sin duda, la apoyaría.
Pero Adrián no entendió lo que quiso decir. Interpretó que la abuela no quería verlo junto a otra mujer, y lo asumió como algo normal: la gente mayor siempre era más conservadora en esas cosas.
—Olivia... —murmuró.
Por encima de las cobijas, recostó todo su cuerpo sobre ella y la abrazó, con la cara apoyada en su hombro.
—Entonces este viaje...
A Olivia le volvió el impulso de provocarlo.
Se dejó abrazar sin contradecirlo, sin mostrarse indiferente, y con una sonrisa tranquila preguntó:

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