Capítulo 224 —Aquí estoy —dijo Adrián—. Además, el mesero puede ayudarte a pelar los cangrejos si quieres.
—¡Yo quiero el arroz con mariscos! Si a ti te gustan los cangrejos enteros, ¿por qué no los pides?
Era algo raro en ella, esa terquedad repentina, especialmente después de cinco años acomodándose siempre a los gustos de él.
Adrián se quedó un instante confundido.
La reacción de Olivia era inusual. Antes siempre decía: "¿Qué se te antoja?", "Perfecto, lo que tú quieras", "Me da igual, cualquier cosa está bien".
Aun así, él sonrió.
—Tampoco es para tanto; aquí no nos va a faltar qué comer. ¿A qué viene tanta seriedad?
Cerró la carta de un golpe y se dirigió al mesero:
—Con eso es suficiente. Agréguenos una orden de verduras de temporada, lo que tengan.
Olivia recordó una frase que el mismo Adrián solía decir: "Quien se pone muy servicial sin razón, algo quiere o algo trama".
Que Adrián la invitara de pronto a cenar solos y encima se preocupara tanto por lo que ella pedía era demasiado sospechoso. Esta noche, sin duda, tenía algo que decirle.
Esperaba que no lo dijera durante la cena. Quería disfrutar la comida en paz.
Por suerte, él no arruinó el momento.
Olivia tenía un apetito extraordinario. Claro que las porciones de ese restaurante eran minúsculas: la orden de costillas en adobo, por ejemplo, traía apenas cuatro trozos; ella y Adrián se comieron dos cada uno y listo. Luego Olivia aprovechó la salsa que quedó en el plato para mezclarla con la pasta. En realidad, hubiera querido más, pero todavía faltaba el arroz con mariscos.
Adrián estuvo extraño durante toda la cena, comiendo y mirándola de reojo cada cierto rato.
Olivia hizo como si no se diera cuenta. Esperó a terminar el último bocado, dejó los cubiertos sobre la mesa y dijo:
—Si tienes algo que decir, dilo de una vez.
La mano de Adrián se detuvo.
—¿Por qué me hablas así?

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