Capítulo 223 Rosa no se atrevía a aceptarlo.
—Señora, es demasiado —dijo.
—Tiene que aceptarlo —respondió Olivia—. Con esa lesión va a estar dos o tres meses sin poder trabajar; es lo mínimo que le corresponde. Y de ahora en adelante, si necesita algo, puede avisarme, aunque no esté en Altabrisa. Haré lo que esté en mis manos.
Olivia no llevaba mucho tiempo en el hospital cuando le llegó la llamada de Adrián.
Fue al grano: quería saber dónde estaba.
—Estoy en el hospital, visitando a doña Rosa. ¿Estás en casa? —Olivia contuvo el aliento. Esperaba que no hubiera visto el acuerdo de divorcio todavía.
—Sí, llegué y no te encontré. ¿Cuánto tiempo más vas a estar allá? Paso por ti.
—Ah, ya casi termino. —Bien. Todavía no lo había visto.
—Entonces espérame, voy para allá. No tardo.
—Está bien. —Olivia ya estaba a punto de irse de todas formas; podía aprovechar y esperarlo. ¿Qué lo traía de vuelta tan temprano?
—¿Es el señor? —preguntó Rosa.
Olivia asintió. —Si algún día necesita ayuda, también puede buscarlo a él. Adrián... la mayoría de las veces está dispuesto a ayudar.
Siendo honesta consigo misma, Adrián no era mala persona. Mientras Paulina no estuviera de por medio, era alguien en quien se podía confiar. Y Rosa bien lo necesitaba: el peligro que la acechaba desde su pueblo natal no había desaparecido del todo; nunca se sabía si el causante de sus desgracias volvería a molestarla a ella o a su hija.
Rosa lo entendió sin que se lo explicaran. Asintió en silencio.
—Gracias, señora. Que sea muy feliz de ahora en adelante.
—Lo seré. —Y lo decía en serio. Precisamente por eso estaba dejando Altabrisa y alejándose de ese hombre:
para vivir el resto de su vida con verdadera alegría.
El hospital no quedaba lejos de su casa, y Adrián llegó en menos de veinte minutos. Entró al cuarto y saludó brevemente a Rosa, que agradeció la visita.
El tiempo de visita estaba por terminar, y ella misma los instó a irse.
—Entonces nos vamos; cualquier cosa, nos avisas. — Adrián tomó la mano de Olivia y salieron del cuarto.
Pero Olivia se detuvo frente a la ventanilla de pagos.
—Yo me encargo. —Adrián sacó el celular para hacer una transferencia—. ¿No alcanzó con lo que dejamos?
—Quiero dejar un poco más. Cuando le den de alta, puede que no lleguemos a tiempo para recibirla; si tiene saldo de sobra, puede liquidar la cuenta sin apuros —explicó Olivia.
—Tienes razón. —Adrián hizo una transferencia generosa—. Si sobra algo, que lo guarde como compensación.
Después propuso cenar fuera.
Ahí estaban: las dos caras de ese hombre.
Olivia pidió filete de róbalo en salsa verde, camarones en chipotle, pollo en mole negro; de fondo, un arroz con mariscos. Al ver que también había sopes en la carta, los añadió; luego pasta. Cuando ya iba a devolver el menú, no pudo resistirse y agregó una orden de costillas en adobo.
Adrián se rio de buena gana.
—¿Te gustan las costillas en adobo?
—¡Mucho! —Era una lástima lo poco que las comía.
—Creí que los bailarines cuidan mucho lo que comen.
—Adrián revisó la lista de platillos y volvió a reírse—.
Arroz con mariscos, pasta, sopes... ¿no es demasiado carbohidrato para dos personas?
—El arroz con mariscos me encanta —aclaró OliviaLa pasta es para mezclarla con el adobo de las costillas. —Los sopes eran otro asunto: quién sabía cuándo volvería a comerlos.
—¿No preferirías pedir mariscos? Unos cangrejos, por ejemplo.
—No, gracias. No tengo ganas de estar pelando nada.
—Esa noche pedía lo que le diera la gana.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...