Capítulo 289 Así que, en cuanto aterrizó, lo primero que hizo fue ir al centro de detención preventiva. Dijo que era hija de Ernesto Muñoz y que venía a ver cómo estaba.
Tal como esperaba, el oficial del centro le informó que Ernesto ya había salido bajo fianza.
Olivia parecía desesperada.
—Disculpe, acabo de regresar del extranjero. ¿Sabe quién tramitó la fianza de mi papá?
Fue un abogado.
Alguien de la familia le había conseguido un abogado a Ernesto y había pagado la fianza.
Si en su casa hubieran tenido ese dinero, o mejor dicho, si su mamá y su hermano hubieran estado dispuestos a pagarlo, su papá habría salido hace mucho. Si nunca lo habían hecho ni habían contratado abogado, era porque la familia no tenía el dinero, o porque su mamá no quería gastarlo.
Viéndolo así, alguien más había puesto esa cantidad.
—Ya sé quién fue. —Olivia se acuclilló frente a la entrada del centro de detención, embargada de pronto por una gran desolación.
—¿Adrián? —adivinó Julián.
Olivia no respondió. Solo sacó el celular y miró el registro de llamadas: una larga lista de llamadas perdidas marcadas en rojo. Marcó de vuelta.
Del otro lado contestaron de inmediato, y la voz sonaba genuinamente emocionada.
—¿Olivia? ¡Volviste! ¿Por qué no me dijiste en qué vuelo venías? ¡Hubiera ido por ti! ¿Dónde estás? Voy para allá.
—¿Dónde está mi abuelita? —Todo lo que él acababa de decir le daba igual. Solo preguntó eso, con frialdad.
—¿Tu abuelita? —Adrián se rio con incredulidad—. Tú la escondiste para que yo no supiera dónde estaba, ¿y ahora me preguntas a mí?
—¡Dime dónde está mi abuelita! —Olivia estaba al borde de la locura. Le gritó al teléfono con la voz desgarrada.
Adrián percibió que algo estaba muy mal.
—Olivia, ¿de qué hablas? ¿Qué te pasa? ¿Qué pasó con tu abuelita?
—¡Mi abuelita desapareció! ¡¿Adónde te la llevaste?! ¡ Dime! —Olivia le gritó al teléfono entre sollozos. Tenía miedo, estaba angustiada, el corazón se le hacía un nudo, pero durante todo el camino se había contenido, obligándose a repetir: "Cálmate, cálmate, piensa bien qué hacer, no te dejes llevar por las emociones".
Pero en ese momento, se derrumbó. Si Adrián hubiera estado frente a ella, probablemente lo habría apuñalado.
Julián y Santiago hablaron al mismo tiempo.
Los dos coincidían en lo mismo: lamar a la policía. Sí, Ilamar a la policía.
Olivia asintió. No quedaba de otra.
—Ven, vamos afuera a tomar un taxi. —Santiago la ayudó a ponerse de pie, le tomó ambas manos, se dio la vuelta y la cargó sobre su espalda.
—Santiago... —Olivia se sintió un poco incómoda.
—Oli, sé que ahora estás sufriendo mucho. Recárgate en mi espalda y llora todo lo que necesites. Cuando termines, vamos a buscar a la abuelita como se debe.
—Santiago echó a andar con ella a cuestas.
Al escuchar esas palabras, las ganas de llorar que Olivia había logrado contener a duras penas estallaron de nuevo.
Solo que esta vez no lloró con sonido. Apoyó la cara en el hombro de Santiago y las lágrimas le brotaron como si alguien hubiera abierto una compuerta, empapándole la camisa sin parar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...