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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 298

Capítulo 298 Enseguida fue a la habitación de al lado, tocó la puerta y al mismo tiempo envió un mensaje por el celular: "¡Santiago, soy yo, abre! ¡Ya tengo noticias!" De paso le reenvió el video a Santiago.

Pero Santiago no estaba en su habitación.

La respuesta, sin embargo, llegó rápido: le marcó.

—Oli, ¿de dónde sacaste ese video?

—¡Alguien me lo mandó, piden tres millones de dólares! —dijo Olivia con urgencia—. ¡Santiago, ¿dónde estás?! ¿No estás en tu cuarto? ¡Voy a ir a la policía ahora mismo!

—Escúchame, Oli, ahora estoy afuera atendiendo algo, ya recibí el video, déjamelo a mí. También puedes ir a la policía, el señor Quiroga va en camino a recogerte, llegará pronto, espéralo en tu habitación. —Santiago le explicó todo de forma clara y directa—. ¡Oli, voy a traer de vuelta a la abuelita, confía en mí!

Olivia solo respondió un "bueno" y se quedó esperando a que Lorenzo fuera por ella.

Él llegó muy rápido; como Santiago ya le había dado instrucciones de antemano, sin decir una palabra más Ilevó a Olivia a la delegación.

Cuando Olivia le entregó el video a la policía, la cara del oficial cambió por completo. Hizo el reporte y tomaron acción.

Olivia se desplomó, sin una gota de energía.

¿Lo que seguía era otra vez esperar?

Esperar a que la policía rastreara la IP y la información registrada de quien envió el video para dar con esa persona.

Esperar noticias de Vianney, a ver si su novio lograba encontrar la ubicación exacta.

Cada minuto se volvía interminable.

Pero muy pronto, Olivia descubrió que la espera no era lo más doloroso.

Lo más doloroso era ver la esperanza con claridad solo para caer de nuevo al abismo de la decepción.

La policía logró ubicar con precisión la dirección desde donde se envió el video gracias a la IP, y también identificó al dueño de la cuenta a través de los datos de registro: era un nombre desconocido, alguien que Olivia no reconocía.

La policía fue a buscarlo.

Era un señor de unos cincuenta y tantos años que dijo que alguien le había pedido prestado su celular para enviar algo.

—Se conectó a mi teléfono desde una computadora y le estuvo moviendo un rato.

—Oli, ya casi llego, no hace falta que vengas.

—¿Santiago, tú ya sabías dónde era? —Olivia estaba asombrada—. ¿Ya viste a la abuelita? ¿Cómo está?

—Todavía no, pero ya casi llego. Quédate en el hotel...

—¡Santiago! ¿Quién se llevó a la abuelita? ¿Los viste? ¿ Fue...? —Olivia no quería pronunciar el nombre, porque no se atrevía a pensar que pudiera existir gente tan despreciable en este mundo.

Pero Santiago entendió al instante lo que quería decir.

Hubo un breve silencio.

—Sí.

Olivia se rio con amargura, con el corazón helado.

Que sus padres y Mateo se hubieran llevado a la abuelita era un hecho innegable, pero ella aún se aferraba a un último hilo de esperanza: que a lo mucho fueran codiciosos, que le pidieran dinero a la abuelita, que la usaran para presionarla a ella у sacarle dinero. ¿Quién habría imaginado que fueran capaces de maltratar a la abuelita?

No podía siquiera imaginar cuánto había sufrido su abuelita en manos de esos tres desalmados. ¡Cuánto tendrían que haberla hecho sufrir para dejarla en ese estado!

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