Capítulo 304 No le quedaba otra salida. Confesó cómo le había transferido el dinero a Eugenia, cómo había pagado la fianza de Ernesto, cómo les había insinuado que fueran a buscar a la abuela de Olivia. Al final, también reveló dónde había escondido Ernesto a Mercedes.
Cuando el hombre obtuvo la información, se fue.
Antes de irse, lanzó una última advertencia:
—Vigílenla. Si nos dijo una sola mentira, que elija: ¿ quiere terminar en el mar alimentando tiburones o como esclava en un paradero desconocido?
Después, la luz se apagó y todo quedó en oscuridad.
Intentó arrastrarse para buscar interruptores y encender alguna luz, pero fue inútil. Logró palpar los interruptores, pero habían cortado la corriente.
Un espacio sin un solo rayo de luz era desesperante.
Si no volvían nunca más, encerrada en esa oscuridad claustrofóbica, antes de morir de hambre se volvería loca.
Tras una espera interminable.
Alguien llegó.
No supo quién era; no podía distinguir nada. Tampoco recordaba la complexión del que iba al frente. Solo recordaba el brillo de la esfera de aquel reloj y esa presencia que helaba la sangre.
Pero ya no podía darse el lujo de pensar en eso. Se arrastró hacia ellos a tropezones.
—¡Déjenme salir! ¿Encontraron a la persona? ¿Cómo está? ¿Sigue viva? Se los suplico, ¡déjenme salir! Yo solo les dije dónde estaba la abuela de Olivia, solo quería que se la llevaran, que Adrián dejara de preocuparse por esa vieja. ¡No quería que le hicieran daño! ¡En serio que no! Cualquier cosa que le haya pasado es culpa de los Muñoz. ¡No tiene nada que ver conmigo! En serio, no tengo nada que ver...
Tenía miedo...
Miedo de que Mercedes hubiera muerto por los maltratos y de que Santiago, enfurecido, cumpliera su amenaza y la metiera en un barco de carga.
Una vez a bordo, que la arrojaran al mar sería lo de menos. Lo que la aterrorizaba era lo que él había dicho sobre aquel lugar donde nadie la encontraría.
Ser esclava en un sitio así no significaba trabajar, sino una existencia peor que la muerte. Mejor que se la comieran los peces y dejar de sufrir...
Nunca en su vida había deseado tanto que Mercedes estuviera bien como en ese momento...
Muerta de pánico, les suplicaba a los que tenía enfrente.
—¿La encontraron? ¿Cómo está la abuela de Olivia?

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