Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 469

Adrián no quería reconocer lo bien que se complementaban esos dos, lo mucho que combinaban, la armonía con la que bailaban juntos.

Lo que más le dolía era descubrir que ella podía seguir bailando, pero quien la ayudó a cumplir ese sueño no fue él.

Él era quien más deseaba que volviera al escenario, quien se esforzaba al máximo para levantarla en lo alto.

Cinco años, más de mil ochocientos días, lo dijo no menos de mil veces: "Olivia, yo más que nadie quiero que estés bien".

Ya fuera diciéndoselo a ella o repitiéndoselo en silencio a sí mismo, al final eligió la peor manera de demostrarlo.

Creyó que darle buena comida, buena ropa y una vida cómoda, asegurarle que nunca le faltara nada, era hacerla feliz. Nunca se le ocurrió que ella no era una mascota, nunca pensó que también quería tener su cielo donde volar alto.

Ahora, por fin alguien la sostenía en lo alto.

Brillaba tanto, resplandecía con tanta fuerza, igual que a los dieciséis años, cuando llegó dando volteretas hacia atrás hasta la fila de su grupo para la foto frente a todo el grado. ¿Ella misma no se daba cuenta de que en ese momento fue el centro de todas las miradas?

Por fin había vuelto a ser aquella chica.

Esa noche reprodujo el video una y otra vez, e incluso leyó todos los comentarios de la publicación.

Todos la elogiaban, y brotó en él un orgullo inexplicable: esa era su Olivia, jera su Olivia! Era extraordinaria, digna del cariño de todos.

Alguien le arrebató el celular de las manos. Eso lo hizo enfurecer.

—¡Devuélvemelo!

—¡Mira qué hora es! Llevas cinco horas pegado al celular, ¿y qué día es hoy? Al menos ten la decencia de desearle feliz Navidad a tu padre para que te dé tu aguinaldo.

—¡No quiero tu aguinaldo! Ya te dije, vine a acompañarte hasta el final. ¡No quiero nada! ¡

Devuélveme el celular! —Se lanzó a recuperarlo.

Roberto miró la pantalla y rio.

—Vaya, viendo a tu mujercita, ¿eh? Ah, no, perdón, tu ex. 

Furioso, agarró el celular y se dispuso a irse a su habitación. Roberto volvió a hablar a sus espaldas:

—¿Recuerdas que una vez te mandé un correo?

Adrián se detuvo en seco.

Hubo una época en que su padre le envió muchos correos, pero él nunca respondió ninguno.

—En ese correo te pedí perdón. Te dije que lo que más lamentaba en esta vida era haberle fallado a tu madre. —Roberto sonaba triste—. No me contestaste, pero es obvio que tampoco tomaste en cuenta lo que te dije.

Adrián lo recordó: sí, recibió ese correo, pero lo leyó y lo borró.

En ese entonces, la mujer que llegó después traicionó

a su padre, y aquel hijo ni siquiera era suyo. Hundido por el desengaño, su padre le escribió ese correo. Lo único que Adrián sintió fue burla y satisfacción: era el precio justo por sus actos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)