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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 31

Capítulo 31 La advertencia de que nunca más podría volver a bailar fue un golpe devastador, tanto para ella como para él.

Olivia aún recordaba la reacción de Adrián al escuchar esas palabras. Tras el impacto inicial, se quedó paralizado, como si le hubieran arrebatado el alma.

En ese instante, el Adrián lleno de vida dejó de existir.

Ambos quedaron encadenados a la palabra "nunca":

ella nunca regresaría a los escenarios y él nunca dejaría de pagar por lo ocurrido.

"Le fallé", esas palabras se convirtieron en una carga insoportable que consumió su existencia.

Desde entonces, el verdadero Adrián desapareció. Lo que quedó fue solo el esposo de Olivia: una especie de robot que se movía por inercia, sin emociones, como si fuera agua estancada. Se limitaba a cumplir mecánicamente con sus deberes de esposo, de yerno y de cuñado.

Pero ahora parecía haber cobrado vida otra vez.

Paulina había regresado y, con ella, la luz a su mirada.

Él sonreía de nuevo; sus ojos habían recuperado ese brillo de entusiasmo que ella creía perdido.

Olivia dejó escapar un suspiro de amargura. "Si ya estamos así, ¿por qué no me deja ir y se perdona a sí mismo de una vez?" -Ya llegamos.

Adrián interrumpió sus pensamientos. Ya estaban en el estacionamiento subterráneo del edificio donde vivían sus padres.

Bajó del auto en silencio mientras él abría la puerta trasera para sacar los regalos.

Al fijarse, se dio cuenta de que no solo traía puros finos y botellas de marca para su padre; también había una caja enorme cuyo contenido desconocía.

Eran varios paquetes pesados, tanto que tuvo que dar tres vueltas para subirlos todos al ascensor.

Si sus amigos lo vieran así, seguro volverían a hablar pestes de ella a sus espaldas. Dirían cosas como:" Esa mujer nació para arruinarle la vida a Adri. Con el nivel que él tiene, no es posible que ande de mandadero para la familia de una muerta de hambre".

Olivia no pudo evitar una mueca de desprecio.

En ese punto les daba la razón. Ni siquiera ella entendía por qué Adrián se tomaba tantas molestias; su familia era tan ambiciosa que no merecía ni un poco de su atención.

Él terminó de acomodar el último paquete y, al notar que ella todavía tenía ese gesto de amargura, presionó el botón del piso y preguntó:

-¿De qué te ríes?

-De nada.

"No puedo decirle que me río de su ingenuidad".

Capítulo 31 1

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