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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 505

Capftulo 505 Julián también rio.

—Dulces son tus palabras, ¿por qué me gustan tanto?

—Se tomó la sopa de un trago. ¡Sí que estaba rica!

En ese momento, Olivia se sintió plenamente satisfecha.

Las palabras dulces resultan agradables porque hay amor detrás; sin amor, por muy melosas que sean, solo dan ganas de escapar, ¿no?

Ella se sentó en la silla y tomó la sopa despacio, mientras él le ordenaba el cuarto. Después de regresar al país, había comprado varias cosas por internet; abrió los paquetes, pero no alcanzó a acomodar nada y todo seguía amontonado en la habitación.

Él fue colocando cada cosa en su lugar. Lo que iba colgado, al clóset. Lo que se doblaba, a los cajones.

Hasta que, en uno de ellos, encontró una cajita de madera, muy linda y delicada.

—¿Qué hay aquí dentro? ¿Puedo verlo?

Olivia miró la caja. ¿No era esa la cajita donde guardaba la piedra? Asintió.

—Ábrela.

Julián abrió la caja y vio una piedra lisa, de un color hermoso, con una luna tallada de manera tosca y, dentro, unos pétalos.

—¿La tallaste? —preguntó, girándola entre los dedos, con la sensación de que esa piedra había sido acariciada miles de veces para quedar tan suave y brillante.

Miró de reojo mientras tomaba la sopa y asintió.

—La tallé en la preparatoria para entretenerme; es horrible, nadie la quiso, si no, no habría regresado a mis manos.

En realidad, era para Adrián, pero en ese entonces él ya no la necesitaba; al final, no supo cómo terminó en manos de Leonardo.

—¿Cómo va a ser horrible? —respondió él—. Algo tallado con cariño, quien te valora lo va a tratar como un tesoro.

Él había supuesto que era de Adrián, pero por su comentario, ¿ya no lo era?

—No creo. Era un compañero de la preparatoria, pero no de mi grupo; ni siquiera sé cómo terminó en sus manos. Cuando la volví a ver, él ya no estaba.

—¿Y cómo era? —Julián la miró con una sonrisita amarga—. Mi amor, me doy cuenta de que sé muy poco de ti; no conozco a casi ninguno de tus amigos.

—Se llamaba... Leonardo Montiel.

Pronunciar ese nombre le trajo la sensación de que hablaba de algo muy lejano; sintió melancolía.

Después de todo, habían sido compañeros, y se fue muy joven.

Julián prefirió no decirle que Leonardo seguramente la había querido mucho, quizá más que Adrián.

No soportaba que nadie más le disputara el amor de Olivia; con Adrián ya tenía más que suficiente, ¿cómo era posible que ahora le saliera con un tal Leonardo, aunque ya no estuviera en este mundo?

—Bebé...—dijo con pena—. Cómo me hubiera gustado nacer dos años antes y en tu mismo barrio. Haber sido yo, y nadie más, el que llenara cada día de tu juventud.

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