Capítulo 32 -¿No te da vergüenza?
Olivia no lograba asimilar que su familia hubiera caído en tal nivel de ambición. Siempre habían sido personas de clase media, pero ¿decenas de miles de dólares? Dudaba que sus padres hubieran ahorrado esa cantidad en toda su vida.
Al escucharla, Ernesto enfureció.
-¿Cómo me estás hablando? ¡Qué falta de modales tienes!
-¡Sí, no tengo modales! Porque nadie me enseñó a ser tan cínica como para pedirles cosas a los demás de esta forma...
¡ZAS!
Un golpe seco cortó las palabras de Olivia. Ernesto había levantado la mano para darle una cachetada, pero Adrián se interpuso entre ambos, envolviéndola en un abrazo protector. El impacto terminó dándole.
-¡Muchacha estúpida! Hoy es un día especial para mí, ¿y tienes que venir a arruinarlo? -rugió Ernesto, fuera de sí-. ¡Te voy a dar una paliza!
Adrián se volteó, manteniéndola detrás de su espalda para encarar a su suegro. Ante su presencia, la furia del tipo se esfumó y fue reemplazada por una sonrisa servil.
-Una disculpa. Mi hija no conoce el respeto, qué pena que tengas que ver esto.
-Mi esposa no se ha sentido muy bien últimamente - respondió Adrián con voz pausada-. Le pido que sea comprensivo con ella.
Ernesto captó el mensaje:
"Es mi mujer y no tienes permitido tocarla".
Olivia observó la espalda de su esposo, que le sacaba una cabeza de estatura. A pesar de su protección, sintió amargura.
"Me está defendiendo, pero ¿qué más da?" Ya no le importaba cómo la tratara su familia; lo que le dolía era recordar qué estaba haciendo él cuando ella necesitó que alguien la respaldara. Adrián siempre sabía distinguir prioridades: no permitía que su suegro la golpeara, pero ¿qué pasaría si quien la atacara fuera uno de sus amigos? ¿O Paulina?
Eugenia, al notar que el ambiente se tornaba tenso, acercó rápidamente para intentar calmar las cosas con una sonrisa fingida.
-Si ya llegaron, ¿por qué no se sientan? Solo fui por un poco de café. Este viejo no tiene remedio, ni siquiera los invitó a pasar a la sala.
Ernesto aprovechó la oportunidad para retirarse del conflicto. Eugenia le sirvió una taza a Adrián y luego miró a su hija.
-¿Y ahora por qué está de mal humor Olivia?
Él se sentó y apoyó la mano sobre el hombro de ella, dedicándole una mirada indescifrable.


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