Capítulo 346 —¡Por supuesto que no es tu culpa! —dijo Beto—. Deja de preocuparte por todo y echarte la responsabilidad encima.
Paulina escuchó sus palabras, pero no se tranquilizó; seguía llorando sin parar.
Beto suspiró y le puso la mano en la espalda a Adrián.
—Adri, ¿y entonces qué vas a hacer? ¿En serio vas a divorciarte?
Adrián negó.
—No quiero divorciarme.
Lo miró como pidiendo ayuda.
—Beto, ¿no hay alguna forma de evitarlo? Ayúdame a pensar en algo.
Beto y Paulina cruzaron miradas.
Beto volvió a suspirar.
—Pues no vayas mañana y ya.
Adrián tenía la cabeza agachada, las manos hundidas en el cabello, su cuerpo temblaba.
El salón de banquetes era enorme. Cada quien estaba en lo suyo, en su ambiente, y solo ellos tres permanecían sentados ahí, ignorados por todos. Era la primera vez que les tocaba ser los marginados en un evento así, mirando desde afuera el esplendor y el protagonismo que era de otros.
Santiago todavía no había hecho ningún movimiento, pero todos los presentes eran gente astuta. Los pequeños incidentes ocurridos en cada rincón del salón no se le escapaban a nadie. Al principio no le habían dado importancia, lo tomaban como roces menores entre los más jóvenes, pero desde que Santiago subió al estrado con Olivia para confirmar su identidad, ya todos habían captado el rumbo de la situación.
Beto rio con burla.
—¿Vamos a comer algo? No vinimos hasta acá para quedarnos sin el proyecto y encima pasar hambre.

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