Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 351

Capítulo 351 Pero las mujeres no tenían la menor intención de dejarla ir, al contrario, la jalaban con más fuerza.

Beto gritó y bajó del auto para ayudar. En ese momento, otro auto se atravesó a toda velocidad y, antes de que terminara de frenar, bajaron varios sujetos vestidos de negro que le cerraron el paso y, sin mediar palabra, empezaron a golpearlo.

Beto no podía ni defenderse. Del lado de Paulina, alguien seguía tirándole del cabello hacia afuera mientras otra mano se metió al auto y abrió la puerta.

Paulina fue sacada a rastras del auto.

—¡Devuelve lo que te robaste! ¡Devuelve el dinero! i Estafadora!

Se desató una lluvia de golpes y patadas.

Beto y Paulina no tuvieron la menor oportunidad de defenderse. Al final, en medio del caos, ni siquiera sabían quién les estaba pegando.

Los dos grupos llegaron tan rápido como se fueron:

golpearon como un torbellino, se subieron a sus autos y desaparecieron. Solo una de las chicas gritó antes de irse:

—¡No se te olvide pagar! ¡Si no, te volvemos a partir la cara!

Beto y Paulina quedaron tirados en el suelo, sin poder levantarse durante un buen rato. Desde que salió de la universidad, Beto no había pasado por algo así.

Quiso llamar a la policía, pero Paulina lo detuvo.

—¡No, Beto, no llames a la policía! —Ella tenía el cabello revuelto, la cara hinchada y amoratada, el maquillaje corrido, y los labios tan inflamados que apenas podía hablar—. No llames, si llamas... me vas a meter en más problemas.

Aparte de haberles robado sus cosas, tenía muchos otros asuntos turbios encima. Le aterraba provocar a Rossi y que le descubrieran todo.

Beto tenía la cara hecha un desastre: la nariz le sangraba y la boca le sabía a sal. Escupió y le salieron dos dientes.

—¡Hijos de...! ¡Estos malditos! ¡Me pegaron durísimo!i Que no me entere de quiénes son! —Miró a Paulina—.

¿Y entonces qué? ¿Lo vamos a dejar así?

Ella se tapó la cara con las manos, sacudiendo là cabeza mientras lloraba.

—No sé qué hacer... yo...

Santiago sonrió.

—Tú siempre...

—¡Tú siempre! —Lo imitó Olivia—. Ya sé de qué hablaban. ¿Ya terminaron de arreglar el asunto?

Santiago soltó una carcajada.

—No se te escapa nada.

Suspiró y añadió:

—Tú lo dijiste: el que se quedó con dinero ajeno tiene que devolverlo, así que se buscó a cada acreedor para que fuera acobrar lo suyo.

Para eso no era necesario ensuciarse las manos.

Bastaba con insinuarles la situación a las" acreedoras" y ellas solas iban a cobrar. Él solo mandó dos autos extra y un par de refuerzos; de otro modo, ¿ quién iba a encargarse de Beto? Por supuesto, ni Beto, ni Paulina, ni las mujeres estafadas tendrían la menor idea de quiénes eran esos sujetos.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)