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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 369

Ante esa pregunta, Adrián no vaciló ni un segundo.

—Nico, ¿qué dices? ¿Cuándo he pensado en casarme con Pau? Desde que volvió, jamás se me pasó por la cabeza casarme con ella.

Nico quedó igual de asombrado.

—¿No era porque estabas con Olivia? Ahora que ya se divorciaron, ¿tampoco la consideras?

—Nico, lo mío con Pau es cosa del pasado desde hace mucho —dijo Adrián con una sonrisa melancólicaа —. ¿Por qué sigues con eso?

—Entonces, ¿por qué la tratas tan bien? —Nico hasta tartamudeó.

—¿A ti te trato mal? —Le revirtió Adrián—. ¿A Beto lo trato mal?

—Es que... no es... lo mismo. —Nico ya no sabía ni qué

decir.

—¿Qué tiene de diferente? Ustedes son mis mejores amigos, además, ustedes dos ya disfrutan de las ganancias de la empresa. Cuando Pau estaba con nosotros, todavía estábamos empezando; a ella no le tocaron los beneficios. Aparte, en el extranjero la pasó fatal. Al volver, ¿cómo no iba a consentirla un poco? Siempre fue como nuestra hermanita. Y bueno, ella y yo compartimos aquella historia de voluntariado, eso ya lo saben.

—De todos modos... —De todos modos, a Nico le seguía pareciendo diferente.

—¡Claro que es diferente! —Estalló una voz a sus espaldas como un petardo. Era Celeste.

Nico se levantó de un salto.

—Mi amor, ¿qué haces aquí?

—¡Vine a ver qué estupideces estás diciendo ahora! —

Celeste traía mala cara—. ¿Ustedes no pueden juntarse sin hablar de esa hipócrita?

—No es... Mi amor, no digas eso, ¿cómo va a ser Pau una hipócrita? —Nico miró de reojo a Adrián.

—Atrévete a defenderla una vez más. —Celeste le apuntó la nariz con el dedo, como si la cachetada fuera a caer en cualquier momento.

Adrián, con gesto apagado, le preguntó a Celeste con una sonrisa:

—¿Y qué tipo de persona soy?

Celeste se volvió hacia él.

—Yo no pensaba decirte nada, porque enojarme por sujetos infieles como ustedes le hace daño a mi bebé. No quiero que mi hijo sepa de tanta porquería antes de nacer. Pero ya que preguntas, cambié de opinión.

Nico sudaba a mares.

—Mi amor, ya déjalo, deja que nuestro bebé juegue tranquilo ahí adentro, no cambies de opinión.

—¡No! —Celeste suspiró—. Ahora decidí enseñarle a nuestro hijo a distinguir el bien del mal.

Se plantó frente a Adrián.

—Adrián, no es por ofenderte, pero deja de hablar como si fueras un santo. Que Pau estuvo con ustedes cuando no eran nadie, que la pasó mal en el extranjero y hay que compensarla, que tienen una historia de voluntariado en común... ¿para qué tanto discurso? ¿Tan difícil es admitir que eres un desgraciado? Todo lo que dices es para tapar que tenías esposa y amante.

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