Capítulo 37 Mercedes fue quien la cuidó día y noche en el hospital. Los recuerdos pasaban por su mente como una película, deteniéndose en el momento en que Adrián le pidió matrimonio. Sus padres estaban encantados; para ellos, que su hija tuviera la pierna lastimada era un problema, así que ver que les había caído un yerno millonario del cielo fue una bendición.
Más allá de calcular cuánto dinero podrían sacar de la situación, no pensaron en nada más.
Solo su abuela la tomó de las manos y le habló con ternura:
-Pase lo que pase, nunca olvides que debes quererte a ti misma por encima de todo.
Seguramente desde entonces ya se había dado cuenta de que aquello no terminaría bien, pero no pudo hacer nada para detenerla.
Miró por la ventana mientras sentía que los ojos le ardían.
"Abuelita, perdóname. No supe cuidarme como me pediste".
Cuando el auto llegó a la casa en Santa María, ya era de noche. Las luces del interior estaban encendidas y ese brillo cálido y anaranjado le devolvió un poco de paz. Sin poder evitarlo, sus ojos se llenaron de lágrimas.
Bajó del vehículo, cruzó el patio y llamó a la puerta.
-¿Quién es? -preguntó Mercedes desde adentro mientras se acercaba a abrir.
En cuanto la puerta se abrió y la vio ahí parada, a la anciana le brillaron los ojos de pura alegría.
-¿Qué haces aquí?
Sintió un nudo en la garganta y, temiendo romper a llorar y asustarla, la abrazó con fuerza mientras buscaba consuelo.
-Vi las uvas que me mandaste y me dieron muchas ganas de verte...
-Ay, mi niña... -Mercedes sonrió conmovida, pero luego miró hacia atrás y notó que Adrián no estaba-.?
Viniste sola?
-¡Sí! Adrián tiene mucho trabajo, pero puedo venir por mi cuenta. -La guio hacia adentro con suavidad-.
¿Cuándo había decidido que, sin importar lo frío que él fuera, pasaría el resto de su vida a su lado? Fue precisamente en ese momento.
Tiempo después se enteró de que don Toño le había marcado primero a su papá, pero Ernesto estaba apostando y no quiso interrumpir su partida; solo le dijo que la llevaran a la clínica del pueblo y colgó. En cambio Adrián, aunque hubiera podido enviar a alguien o transferir dinero para los gastos, decidió ir personalmente hasta Santa María y llevar cargando a la abuela de un lado a otro.
Cuando le dieron el alta y regresaron al pueblo, se tomaron esa foto con el celular. Se la envió a Mercedes y ella se encargó de imprimirla y enmarcarla.
-¡Ya está la sopa! -dijo la abuela saliendo con un tazón humeante-. Mírate nada más, tan grandota y me pides lo mismo que cuando eras chiquita.
Sonrió y, dejándose envolver por el aroma de la carne y las especias, comenzó a comer con ganas.
Realmente estaba hambrienta. Aquella tarde en casa de sus padres apenas había comido, y en un abrir y cerrar de ojos dejó el plato limpio, sin dejar ni una gota de caldo.
En cuanto dejó el tazón sobre la mesa, Mercedes la miró fijamente.
-¿Tuvieron una pelea?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...