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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 38

Capítulo 38 Olivia sonrió. Frente a las personas que te aman, es imposible ocultar lo que sientes.

-Me gustaría irme a estudiar fuera, ¿qué te parece? - dijo mientras la tomaba del brazo y se apoyaba en su hombro.

Mercedes era la única persona con la que podía hablar con sinceridad. Al escucharla, a la anciana se le iluminó la mirada.

-¡Me parece muy bien! Yo tengo algo de dinero guardado, no tengas miedo.

Olivia sintió un nudo en la garganta y la abrazó por la cintura.

-Yo ahora tengo dinero.

Solo la apoyaba de esa manera, sin condiciones.

-Qué bueno que miniña tenga lo suyo, pero lo tuyo es tuyo. Yo también te tengo ahorrado algo - comentó mientras le acariciaba el cabello con ternura.

Atesoraba tanto ese cariño, pero sintió inquietud.

-Si me voy, podría ser por varios años. ¿Qué voy a hacer si te extraño?

-No seas tontita, si me extrañas me haces una videollamada. Todavía estoy joven y me voy a quedar en la casa, no me muevo a ningún lado. Si cuando termines decides regresar, aquí te espero; y si prefieres quedarte a vivir allá, pues me voy contigo. i Ni creas que te vas a librar de mí!

Al notar que Mercedes no estaba, supuso que habría salido a comprar algo para el desayuno. Salió al patio y respiró hondo.

Allí estaba el salón de ensayos: una estructura de cristal que ahora estaba vacía, salvo por la barra de práctica. Hacía cinco años que no ponía un pie ahí; seguramente ahora era una bodega para trastos viejos.

Sin embargo, ya no sentía ese rechazo por el pasado, así que se acercó y abrió la puerta. Se quedó pasmada. El lugar estaba impecable, sin una mota de polvo ni un solo objeto estorbando, exactamente igual a como lo recordaba.

Pasó la mano por la barra y sus dedos salieron limpios. ¿Su abuela lo limpiaba a diario? Era una habitación de techos altos, diseñada especialmente por Mercedes para que pudiera practicar saltos y piruetas sin limitaciones.

Se decidió a abrir todas las cortinas y dejó que la luz inundara cada rincón. Se paró frente a la barra y sintió cómo sus músculos le pedían moverse. Levantó la pierna lastimada y la apoyó sobre la madera. Una conexión profunda vibró en todo su cuerpo y, con los ojos llenos de lágrimas, comenzó a estirarse.

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