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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 389

—¡Abuelita! —Adrián reaccionó rápido: interpuso la mano y bloqueó el adorno de hierro forjado, que rebotó contra su brazo y cayó al suelo.

Las púas afiladas del adorno le desgarraron la piel del brazo y la sangre empezó a brotar.

Olivia sostuvo a Mercedes y la revisó varias veces hasta asegurarse de que estaba bien. Entonces se volvió hacia el brazo de Adrián y luego hacia las puntas de hierro del adorno; no quería ni imaginar qué

habría pasado si esa cosa le hubiera caído a su abuelita en la cabeza.

La empleada estaba aterrada y no paraba de disculparse con Olivia.

—Lo siento, lo siento mucho, no fue a propósito, en serio que no fue a propósito. ¿La señora está bien?¿

Se asustó? Yo...

La empleada no era más que una asalariada; estaba al borde de las lágrimas. Al volverse y ver la sangre en el brazo de Adrián, se alteró todavía más.

—Perdón... los gastos médicos... los gastos médicos... yo...

El adorno se había caído porque ella lo golpeó al pasar, pero eso fue porque Paulina la empujó. Con su sueldo tan bajo, si los clientes se ponían exigentes, no se atrevía a prometer que se haría cargo de todos los gastos.

Sin embargo, Adrián puso a Paulina detrás de él y le dijo a la empleada:

—No tienes que pagar nada, esta herida no es gran cosa. En cuanto a la señora...

Adrián miró a Mercedes y a Olivia.

—Abuelita, déjeme llevarla al hospital para que la revisen. Yo cubro los gastos, y también lo que haga falta para compensar el susto.

—¡Cállate! —Olivia lo miró con rencor—. ¿Crees que nos hace falta tu dinero?

Adrián quedó mudo. Era cierto: con Santiago en la familia, el dinero era lo de menos.

En ese momento llegó la dueña de la tienda, también bastante alterada, y se apresuró a decir:

—¿No sería mejor llamar a la policía? —Lo que más le preocupaba era que, según le contaron, todo este lío lo provocó la clienta que estaba probándose el vestido. Aunque ahora dijeran que la tienda no tenía responsabilidad, ¿quién garantizaba que después no fueran a cambiar de opinión? Ella no quería cargar con esO.

Así que sí, había que llamar a la policía.

Antes, cuando Olivia y Adrián hablaban del contrato y de la boda, lo hacían en voz baja; poca gente alcanzaba a oír, quizá solo las que estaban acomodándole la falda del vestido a Paulina. Pero ahora Olivia habló a todo volumen, sin el menor reparo.

En un instante, todos en el lugar quedaron atónitos.

Las miradas se clavaron como puñales sobre Adrián y Paulina, mientras un coro de murmullos incontenibles Ilenaba la tienda.

—¿Qué? ¿Es la amante y un hijo fuera del matrimonio?

—¡No puede ser! ¿Las amantes ahora son así de descaradas? ¿Venir a comprar vestido de novia para la amante?

—¡Claro! Si hace rato insistía en que tenía que ser rojo.

¡Con razón tanta obsesión!

—Qué mala suerte, mira la clase de clienta que nos tocó.

—Cuando la estaba ayudando a probarse el vestido escuché todo y no lo podía creer. ¿Cómo existe gente tan sinvergüenza? Me da pena ajena hasta mencionarlo.

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