El señor Montiel por fin encontró en la cara de Adrián la sombra de aquel adolescente. Abrió la puerta y, por un momento, ninguno de los dos supo qué decir;
ninguno era capaz de pronunciar el nombre de Leonardo.
—Pa... pasaa sentarte un rato. —Se hizo a un lado y lo invitó a entrar.
De camino a la sala, Adrián se enteró de que los padres de Leonardo habían vuelto del extranjero apenas el día anterior y pensaban quedarse en el país para pasar ahí sus últimos años.
Al entrar, vio a la madre de Leonardo acomodando algunas cosas. Ella también se quedó paralizada un buen rato antes de reconocerlo; después lo invitó a sentarse, charlaron de cosas cotidianas, la tensión se fue disipando hasta que todos se sintieron cómodos.
Ella suspiró con los ojos llorosos.
—Ya pasaron varios años y sigue sintiéndose como si hubiera sido ayer. Cada vez que me acuerdo, este dolor...
Adrián también tenía un nudo en la garganta; ni siquiera sabía qué palabras usar para consolarla.
Fue ella quien se secó las lágrimas y forzó una sonrisa.
—Gracias por seguir acordándote de Leo, y por venir a vernos.
Adrián sintió vergüenza. Ni siquiera había llevado algo, llegó con las manos vacías; en realidad, nunca imaginó que habría alguien en la casa.
—De ahora en adelante vendré seguido, si no les resulta una molestia —dijo. La última vez que vio a Leonardo, se pelearon. En aquella época eran jóvenes e impulsivos; se dijeron cosas terribles, juraron que no volverían a hablarse. Nunca imaginó que aquella sería una despedida definitiva.
—¿Cómo va a ser molestia? —respondió ella—. Solo que ustedes, los jóvenes, están siempre ocupados con el trabajo. No quiero quitarte el tiempo.
Adrián sonrió con desánimo. ¿Qué tiempo iba a quitarle? A estas alturas, él también era alguien sin hogar.
Se quedó ahí sentado mucho rato. Después, ella sacó
las pertenencias de su hijo para mostrárselas.
Estaban guardadas en una caja de madera; no eran muchas cosas.
—Esto es lo que llevaba encima. La ropa se quemó
toda; solo quedó esto —dijo con lágrimas en los ojos.
Un cuaderno con muchas anotaciones de viaje, una pluma, un reloj, una navaja multiusos, un encendedor, unos lentes de sol, sus documentos y algunas herramientas de supervivencia al aire libre.
Desde el primer momento, a Adrián le llamó la atención una piedra pequeña que había en el fondo de la caja.
—Señora, ¿puedo ver eso? —Su voz temblaba un poco.
—Mira, parece que sí hubo alguien que le gustaba.
Una bailarina. No alcanzó a conquistarla, pero igual le agradezco a esa muchacha: al menos le permitió
conocer el amor en su corta vida.
Adrián miró la página. Decía:
"A través de la luna cubierta de flores, aún alcanzo a ver tu silueta".
"Día de Muertos. Cruzo ahora mismo los campos abiertos de Aurania. Entre la precariedad del hotel y la mala señal de televisión, de pronto apareciste tú, bailando en el especial internacional de la festividad.
No podía creerlo; el corazón no me cabía en el pecho de la emoción.".
"¿Cómo estás? Te extraño mucho".
"Pero no me atrevo a decírtelo".
Una gota cayó sobre el cuaderno con un golpe suave.
Era una lágrima de Adrián.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)
He leído hasta el capítulo 516. Vamos por partes: La historia está muy bien: representa una situación complicada donde, aunque no hubo daño físico si lo hubo emocional. Los personajes ofrecen un buen arco y la narrativa, aunque con muchas deficiencias, es buena. Sin embargo, desde hace varios capítulos (desde que Adrian comenzó un viacruxis para recuperar a Olicia y ella comenzó su relación con Julián), los personajes están perdidiendo fondo. Es decir, en vez de evolucionar, ahora son bipolares. Cambiando su personalidad sin un puente: Adrian ahora es sumiso, nadie que tuviera ese grado de control que él ostenta podía soltarlo con fácilidad. Ni siquiera por el hecho de haberlo perdido todo. Eso solo alimenta las ganas de volver a obtener todo. Julian, el héroe y salvador, el compasivo y empático ahora es la versión masculina de Paulina: manipulador, narcisista y celoso. Eso no es evolución, eso es bipolaridad y le resta mucho a la trama. Si con la deficiencia narrativa que ya arrastra, donde no hay cámara que fluya con naturalidad; donde las escenas y los "reencuentros" suenan forzados. Donde el subtexto se pierde y comienzan las incoherencia. Le agregamos este cambio drástico de los personajes, la mento decir que el todo se vuelve, además de monótono (continúamente se repite los 5 años de matrimonio), imposible de leer. Pierde el enfoque (ahora resulta que todo girará alrededor de una piedra? Alrededor del hecho de que luego descubrirán que Leonardo fue otra víctima de Paulina? Alrededor de que Adrian siempre estuvo enamorado de Olivia?), pierde la belleza narrativa y la cruel realidad que se manejó en los primero capítulos. Pierde el contexto y la subtrama. Pierde, en resumen, todo. Parecía una buena historia, pero llegados a este punto, la verdad aburre. Es como si la autora hubiera solo deseado alargar todo sin una coherencia, introduciendo nuevos personajes y elementos que compiten con los primeros capítulos. En resumen, o bien edita y deja que las cosas sigan fluyendo con naturalidad, sin forzarlas, sin querer que los reencuentros entre Adrian y Oliva sigan sucediéndose de esa forma antinatural. Sin cambiar la personalidad de Julian e incluso borrando a los otros personajes (Paulina) y otorgándoles un "final" decente, por así decirlo. O bien, divide la novela y saca dos títulos diferentes. Pero esta amalgama que hizo realmente le resta mucho a lo que ya llevaba en los capítulos anteriores. Es una lástima....
Me atrapó desde la primera línea. Increíble es! Pero... Cerca del 620 al 670 aproximadamente es un largo sueño! Fue todo muy raro, no hacía falta 😔...
ES UNA NOVELA MUY BONITA PERO FINAL TRISTE. LA DISFRUTE, ME CAPTURO DESDE EL PRINCIPIO.ALGUNOS CAPITULOS NO LOS COMPRENDI, PERO ESTA INTERESANTE....
Excelente historia...
Cualtos faltan y hasta cuando suben los restantes ?...
Atrapante...