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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 410

—¿Estar conmigo te parece tan malo? —Beto rio con vulgaridad—. Si no fuiste capaz de conquistar a Adri, vas a tener que conformarte conmigo. De todas formas, no te va a faltar nada.

—¿Qué quieres decir? —Paulina lo miró fijamente—¿

Eso de "conformarte conmigo" qué significа?

—¿Tú qué crees que significa?

—¡Ni de broma! —Paulina tiró el vaso que tenía en la mano—. ¡Jamás me casaría con un desgraciado como tú!

La vida sentimental de Beto era un desastre absoluto.

Nadie lo sabía mejor que ella. No le hacía el feo a nada ni a nadie: desde las estudiantes hasta las chicas de los bares, había tenido amantes de todo tipo. ¿Cómo iba a considerar casarse con alguien así?

—Yo no te hago menos y, ¿ahora resulta que tú sí me menosprecias? —Beto se molestó—. Sal de este restaurante, a ver. Fíjate bien quién más te va a proteger. ¿El estéril de Adri? ¿O Rossi, que es capaz de matarte?

Paulina se quedó sin respuesta, pero no le quedó más remedio que volver a sentarse. Se limitó a mirarlo con una furia que luchaba por no estallar.

Beto se sirvió agua sin prisa alguna.

—Si así van a ser las cosas, mejor actuar cuanto antes.

—¿Qué pretendes? No estarás pensando en hacerle daño a Adri, ¿verdad? —preguntó Paulina con desconfianza.

Beto la miró de reojo.

—Tu querido Adri se la pasa el día perdido en sus penas de amor. ¿Cómo va a estar a la altura de los grandes retos?

—Desgraciado... jeres un monstruo! —Paulina jamás se lo hubiera imaginado—. ¿No se supone que son buenos amigos?

—¿Buenos amigos? —Beto se carcajeó—. ¿Un buen amigo le colgaría un hijo ajeno?

Paulina se quedó petrificada en la silla, como si viera a Beto por primera vez.

—¿Qué sucede? —Él se burló—. ¿Acaso crees que eres una mejor persona? No me digas que todavía te ves como el primer amor puro e inmaculado de Adri.

—Yo... —Paulina tensó la mandíbula—. Yo no soy como tú.

Paulina quedó perpleja.

—Deja de ser ingenua. Adri te quiso hasta cierto punto; en el fondo, solo era orgullo herido lo que lo mantenía atado a ti. —Beto le sirvió un plato de sopa —. Come. No seas necia. En este mundo, nadie te conoce mejor que yo. Nadie es más parecido a ti que yo. Tu destino está atado al mío, quieras o no.

A Paulina se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Entonces te vas a divorciar?

—Sí, claro que sí. Ahora come, que cuando terminemos tengo cosas que hacer; quedé con alguien esta noche.

—¡Voy contigo! —Paulina lo miraba con los ojos vidriosos.

—Estás embarazada, ¿para qué vas a andar siguiéndome a todos lados? ¿Qué es esa mirada?

Igualita a la de mi esposa cuando me vigila. ¿Crees que voy a ver a una mujer? —dijo Beto con fastidio.

—¿Y si no acepto, qué me queda? —Paulina estaba al borde del colapso y llena de arrepentimiento. A estas alturas, parecía que su único destino era quedar encadenada a Beto. Pero ella no había planeado esto; lo único que quería era estar con Adrián. ¿Cómo podía ese mujeriego empedernido compararse siquiera con Adrián?

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