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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 415

Así que Beto dejó de insistir.

Aceptó el divorcio y que la custodia del niño fuera para Renata, también aceptó que se recuperaran los bienes conyugales que le había regalado a Paulina.

Además, pagaría la pensión alimenticia completa de su hijo, liquidada en un solo pago. Y, por último, le daría a Renata una suma de dinero, descontada de lo que supuestamente les había "regalado" a sus padres. Porque eso de regalarles no era más que ocultamiento de bienes.

La intención original de Renata era lograr el divorcio, alejarse de ese desgraciado, aunque fuera sin llevarse nada. Ahora, al conseguir todo esto, estaba más que satisfecha. Solo deseaba que la sentencia saliera pronto y sin trabas, que no fueran a negar el divorcio en la primera audiencia.

Por fortuna, tanto ella como Beto mantuvieron una voluntad firme de divorciarse hasta el final, y todo salió muy bien.

Al fin se despedía para siempre de ese miserable.

Cuando Renata salió del juzgado, todavía le costaba creerlo. Si no fuera porque Celeste la sostenía con fuerza, las piernas le habrían fallado y apenas habría podido caminar.

Celeste había llamado a Nico para que las recogiera.

Así que, en la puerta del juzgado, Nico y Beto se fueron a los golpes.

Para ser justos, Nico fue el que recibió la paliza. Que su amigo se divorciara, que las cosas llegaran a ese punto... él sentía pena por Beto. Haber ido a recoger a Renata era como traicionar a su amigo, como echarle sal en la herida. Por eso, cuando Beto lo vio y se le fue encima, Nico se sentía tan culpable que lo dejó

golpearlo unas cuantas veces para que se desahogara.

Pero Celeste no iba a tolerar semejante escena: ¿con qué derecho le pegaba a Nico? ¿Acaso Nico le había enseñado a ser infiel y a traicionar su matrimonio?

Celeste explotó y gritó desde un costado:

—¡Nico, defiéndete! ¡Eres un maldito cobarde! ¿Qué se supone que haces ahí dejándote golpear?

Los dos estaban trenzados a golpes y ni siquiera la escuchaban.

Con el temperamento que tenía, Celeste estalló: sacó

—¡Atrévete a dar un paso!

En todos esos años con Beto, siempre sometida, siempre manipulada, jamás se había plantado ante él con tanta firmeza como en ese momento.

Beto no podía creerlo: ¿Renata se atrevía a amenazarlo con un tubo? ¡Todo esto era culpa de la mujer de Nico, que la había echado a perder!

Rugió, furioso:

—¿También te atreves a retarme? —Y se lanzó a quitarle el tubo.

Renata no esperó a que se acercara: empezó a agitar el tubo en todas direcciones. No sabía si lograría pegarle, pero lo importante era mantenerlo en movimiento; mientras girara, él no podría agarrarlo, porque si se lo arrebataba, ella no tendría fuerza para recuperarlo.

En medio del caos, Beto no conseguía acercarse a ella. Varias veces intentó atrapar el tubo, pero los golpes errantes le daban en las manos, y dolían bastante. Después de varios intentos fallidos se dio por vencido. Trató de rodearla para ir a golpear a Nico y a Celeste, pero adondequiera que fuera, Renata se interponía; por más que insistió, no logró pasarla. 

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