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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 421

Nico la dejó ahí, solo le dijo que encontrara un trabajo o que buscara a Adrián.

"Buscar a Adrián".

Paulina rio con amargura.

Estaba convencida de que Adrián ya sabía algo. De lo contrario, ¿cómo se explicaba que desapareciera así?

Estaban a punto de casarse, ya se había probado el vestido de novia, y él de pronto se esfumó sin una Ilamada, sin un mensaje. ¿No era extraño?

Pero ya no tenía adónde ir. Él era su última esperanza.

Así que, acurrucada en la cama del hotel, se armó de valor y lo llamó. Adrián contestó.

—Adri... —En cuanto escuchó su voz, comenzó a llorar.

Esta vez la frustración era genuina, sin actuación. AI recordar los días en los que Adrián la consentía y la cuidaba con tanta dedicación, y verse ahora como una sombra de lo que fue, no pudo evitar sentir arrepentimiento.

¡Pero la culpa era de Adrián! Si él no se hubiera negado siempre a tener relaciones con ella, si no la hubiera dejado con esa inseguridad constante, ella no habría caído tan fácilmente en las manipulaciones de Beto ni habría perdido la cabeza.

En ese momento la incertidumbre la consumía. No sabía qué estaba pasando con Adrián, o si ya sospechaba algo o no.

Pero Adrián, al otro lado, habló con serenidad, casi con dulzura:

—Pau, ¿por qué lloras?

El mismo tono dulce de siempre, como si nada hubiera pasado. Paulina respiró aliviada y, entre sollozos, preguntó:

—Adri, ¿cómo es que llevas tantos días sin aparecer?

—Ah, es que estuve enfermo. Ni siquiera fui a la oficina. Estuve recuperándome en casa.

—¿Enfermo? ¿Qué tienes? ¿Cómo estás? ¡Déjame ir a cuidarte!

—No, no, no es necesario —dijo Adrián—. Tuve fiebre varios días, estuve aturdido todo el tiempo, dormitando de día y de noche, pero ya estoy mucho mejor.

—Adri... —Paulina sollozó—. Solo tú has sido bueno conmigo.

no me alcanza ni para un mes de alquiler.

Paulina quedó muda un buen rato antes de responder:

—¿Y... la empresa no tiene dinero?

—La empresa también atraviesa un mal momento, además, aunque sea mía, las cuentas de la empresa y las personales son distintas —dijo Adrián—. No te preocupes, el mes que viene se arregla. Entonces alquilamos algo y, para fin de año, ya podremos comprar un departamento nuevo.

Paulina por fin vio una luz de esperanza.

 —Adri, entonces deja que me quede contigo. Así nos ahorramos un gasto.

—Mejor no por ahora. Todavía estoy enfermo, no vaya a ser que le contagie algo al bebé.

A Paulina se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¿Todavía piensas en el bebé?

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