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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 43

Capítulo 43 Esa vez llevaba puesto un anillo de plata.

-Es solo un accesorio, no le des tantas vueltas -dijo con indiferencia, aunque no hizo el menor intento por quitárselo.

Olivia dejó escapar una risita burlona y prefirió guardar silencio.

Recordaba que, cuando él decidió dejar de usar su argolla de matrimonio, puso de excusa que debía atender asuntos de la empresa y que portar una sortija no se veía serio para los negocios.

¿Existía en este mundo algún contrato que no pudiera cerrarse solo por estar casado?

Conocía la respuesta, pero en ese entonces todavía no recibía tantos golpes de realidad y se aferraba a sus ilusiones.

Tal vez el asunto del anillo le provocó culpa, porque cambió su actitud inquisitiva y suavizó bastante el tono de voz.

-Te lo digo por tu bien, en serio. Te aseguro que no vas a encontrar a nadie que te quiera tanto como yo.

Claro que tengo mis errores, pero soy honesto contigo, no te guardo secretos ni me ando con rodeos. Incluso podría poner todas mis cuentas de banco a tu nombre; en cambio, vete a saber qué intenciones tengan los demás.  "Ella está en tu casa, pero yo estoy en tu corazón".

Aquellas palabras de Adrián le recordaron esa frase tan trillada. Para evitar que el sarcasmo de la situación terminara por lastimarla, decidió que no quería seguir hablando y se puso los audífonos.

Al verla así, él quiso decir algo más, pero se arrepintió y se concentró en conducir el auto.

Ni siquiera puso música.

No sabía por qué, pero cuando uno tiene las emociones a flor de piel, es muy fácil que una melodía te hunda en la tristeza; cualquier canción parece suficiente para llorar.

Así que prefirió el silencio y se puso a ver su celular.

A pesar de que había marcado que no le interesaban las publicaciones de Paulina, por alguna razón el algoritmo se la mostró de nuevo.

Eran dos manos entrelazadas; en el dedo anular de ambos brillaba un anillo. El detalle era que la mano de él llevaba un anillo sencillo, mientras que la mujer presumía un diamante enorme.

Lo guardó.

-Nada en especial. Solo pensaba en lo que dijiste de que podías poner todo a mi nombre -respondió mientras se quitaba los audífonos-. Entonces... el dinero que te gastaste en ese diamante gigante, ¿ también es mío?

La mirada de él se volvió dura en un instante.

-Pensé que eras una mujer centrada, no sabía que fueras tan interesada.

¿Entonces ahora resulta que la del problema era ella?

-Tú fuiste quien habló del dinero, ¿no?

En realidad, ella solo lo decía por fastidiar; nunca le había importado su fortuna. De hecho, a pesar de todas las publicaciones de Paulina, jamás se le ocurrió guardar capturas de pantalla para usarlas como prueba. Si fuera otra esposa más astuta, ya le habría puesto una demanda para reclamar hasta el último centavo de la sociedad conyugal.

-Está bien que tengas celos, pero no te pases -dijo él con tono de reproche mientras el semáforo cambiaba a verde y ponía el vehículo en marcha.

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