Capítulo 42 Adrián no comentó nada al respecto; se limitó a devolverle el celular a Olivia y se concentró en su plato.
Aunque el menú no era precisamente de su agrado, se sirvió tres veces.
Mercedes se mostró sorprendida.
-¿Cuánto tiempo llevas sin comer?
Olivia lo miró de reojo. Seguramente no había podido ni dormir desde la noche anterior; con su adorada Paulina enferma, era obvio que llevaría un día entero sin probar bocado. Por eso ahora todo le sabía a gloria.
-Es que su comida es deliciosa, abuelita -respondió Adrián.
-Sé que siempre están muy ocupados, pero cuando tengan oportunidad, vengan y les preparo algo rico - dijo ella con una sonrisa.
-En nuestro fraccionamiento hay algunas casas en venta -añadió él, dejando el plato con un gesto de satisfacción- ¿Qué le parece si le compramos una allá?
Al escuchar eso, Mercedes agitó la mano para negarse.
-No hace falta, en serio. Estoy muy bien aquí, con mis vecinos de siempre. Además, en el pueblo puedo sembrar frutas y verduras; luego se las mando para allá.
En realidad, no era la primera vez que Adrián lo sugería. Cuando ella se cayó hace años, él quiso comprarle una casa en su mismo fraccionamiento, pero Mercedes no aceptó, insistiendo en que estaba acostumbrada a la tranquilidad de Santa María.
En privado, le había dicho a Olivia que no debía abusar de la generosidad de su esposo solo por estar casada con él. Por más dinero que tuviera, era fruto de su trabajo y no le había caído del cielo.
-Está bien -concedió él, terminando el caldo con un suspiro de placer-. Le quedó mucho mejor que el que prepara doña Rosa. ¿Cuál es su secreto, abuelita?
-Ay, qué muchacho este -respondió ella, divertida.
"Creo que ella es la única persona en el mundo que se atrevea decirle eso y parece no importarle en lo más mínimo".
Si en ese matrimonio existía alguien que realmente estuviera de su lado, era su abuela. Mercedes lo quería, pero no solo por su forma de ser, sino porque esperaba que, al tratarlo con tanto cariño, él hiciera lo mismo con su nieta adorada.
Al terminar, Mercedes empezó a recoger la mesa y Julián se levantó para ayudarla. Para sorpresa de todos, Adrián también se apresuró a colaborar. Al final, él ganó la contienda, tomó los platos y se dirigió a la cocina para adueñarse del fregadero, repitiendo lo de antes:
-¡Ya le dije que no soy una visita!
Mercedes se sintió un tanto apenada, pero Olivia la tomó del brazo para detenerla.
-No se preocupe, deje que lo haga.
A estas alturas, ya no le importaba nada. Si quería lavar los platos o trapear el suelo, adelante; mejor aprovechar hasta el último rastro de utilidad que pudiera ofrecer. Incluso consideró aceptar la oferta de la casa; después de todo, su abuela no era como sus padres, ella sí se lo merecía.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)