Capítulo 46 Últimamente el clima había estado así: en cuanto caía la noche, empezaba a llover.
Poco después de que Olivia se quedara dormida, el golpeteo rítmico de las gotas contra el vidrio la arrulló.
El aroma de su champú de hierbas silvestres le Ilenaba los pulmones, haciéndola sentir como si todavía estuviera en Santa María, descansando junto a su abuelita. Se sentía en plenitud.
Esa noche descansó mejor que nunca.
El sonido de la alarma la trajo de vuelta a la realidad.
Al despertar, se sentía aturdida y por un seguudo creyó que seguía en casa de Mercedes. Las cobijas estaban a la temperatura perfecta y ese aroma natural seguía ahí, mientras ella abrazaba con cariño a su abuela...
¡Un momento!
"¿Estoy abrazando a mi abuelita? ¡Pero si ya regresé a la ciudad!" Abrió los ojos y se quedó helada.
Frente a ella apareció el cuello de una pijama azul marino y, un poco más arriba, la mandíbula de un sujeto con la barba recién marcada.
Sintió una fuerte punzada y rodó hacia el otro lado de la cama para alejarse de Adrián.
"¿Cómo terminó pasando esto? Definitivamente la recámara principal es mejor que la de invitados; la cama de la habitación de invitados es demasiado pequeña, pero en la principal por lo menos podemos poner tres metros de distancia para estar seguros".
Él se movió en ese momento, como si ella lo hubiera despertado con su sobresalto.
-Con este clima siempre es lo mismo: Ilueve por la noche y amanece despejado -comentó mientras se levantaba para abrir las cortinas-. El ruido del agua no deja descansar bien.
Confundida, se preguntó a qué iba ese comentario.
-Ya me voy a la oficina, hoy voy a llegar tarde - añadió después de arreglarse rápidamente, y salió de la habitación sin decir más.
Ya no le importaba en lo más mínimo a qué hora pensaba volver. En cuanto escuchó que el auto se alejaba, comenzó con una limpieza profunda de sus cosas.
Juntó todos sus libros para estudiar inglés y, tras apartar solo los que tenían sus anotaciones más importantes, los puso en cajas. Luego, le pidió a doña Rosa que llamara al recolector de papel para venderle todo eso.
También se quedó mirando el anillo en su dedo. Se lo quitó; lo mejor era recuperar algo de dinero.


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