Capítulo 48 Adrián los revisó uno por uno y se rio seco y burlón.
-Señor... -Vianney dudó un poco, sin entender realmente qué estaba mal.
-No tiene nada que ver con usted. Saque las diez piezas de una vez -ordenó con voz áspera.
Incluso Paulina notó que algo no estaba bien.
-Adri... -murmuró.
En ese momento, Vianney vio a Olivia salir lentamente de la parte de atrás y, por cortesía, le preguntó:
-¿Ya regresaste? ¿Cómo te fue? ¿Estás bien?
Él y Paulina voltearon al mismo tiempo y se encontraron con ella.
Olivia no sabía si era su imaginación, pero juraría que a Adrián le echaban chispas los ojos.
Vianney la saludó y le dijo:
-¿Te puedes sentar un momento? Termino de revisarles estos relojes y luego revisamos tu anillo.
-¿Qué anillo? -preguntó él, poniéndose a la defensiva.
Entonces, su mirada se clavó en la vitrina, donde estaban los dos anillos de compromiso.
-¿Estos dos? -Señaló el cristal con el dedo; su tono era cada vez más pesado.
Vianney no tenía idea de qué estaba pasando, ni por qué preguntaba eso, y mucho menos sabía qué responder. Al final, eran artículos que ella le había Ilevado para vender, ¿él qué tenía que ver?
No quería que la empleada pasara por un mal rato, así que respondió:
-Sí, son esos dos.
La furia en la mirada de su esposo aumentó.
-Vaya, señora Vargas, te luciste.
No era un cumplido, pero respondió sin ganas:
-Gracias, qué amable.
-¡Ven para acá! -gritó de pronto.
Olivia se sentó y no se movió.
Así que él caminó hacia ella y se le plantó enfrente.
Seguramente por estar en un lugar público, intentó contenerse, aunque con burla:


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