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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 484

Julián se conmovió y la abrazó.

—Lo siento, fue mi culpa. No volverá a pasar.

Olivia sonrió.

—Sí, tengo hambre.

—¡Entonces vamos a casa ya! —Se apresuró a decir él.

Se dio la vuelta, se agachó frente a ella y tomó sus manos para que las pusiera sobre sus hombros. La cargó sobre su espalda y salió corriendo de la escuela a paso rápido; los estudiantes que todavía andaban por el campus los vieron pasar y se pusieron a echarles porras.

*** Después de eso, pasó un buen tiempo sin que volvieran a ver a Adrián. De vez en cuando se encontraban con Anna comprando en el supermercado, pero siempre iba sola; Adrián no estaba con ella.

Un día, Olivia escuchó a Jimena y las otras enfermeras murmurando: i —¿Cómo es que La Casita de Galletas ya no manda postres gratis? Ya van varios días.

Otra enfermera la regañó:

—Eran gratis y todavía te enojas. ¿Quién regala cosas para siempre? Ellos también tienen un negocio.

Jimena suspiró.

—Tienes razón.

Otra enfermera intervino:

—No es solo eso. El otro día quise encargar un pastel y llamé, pero el dueño de La Casita de Galletas dijo que ya no haría entregas.

—¿En serio? ¿Quién maneja un negocio así? ¿Ya no quiere vender?

—Quién sabe. Somos clientas frecuentes, siempre le compramos pan y repostería, por apoyar a un paisano; y ahora que al negocio le va bien, nos sale con esa actitud.

—Pues haz el pedido por aplicación.

Olivia escuchó en silencio los latidos de su corazón y, como en un destello de lucidez, se dio cuenta de que Julián era la primera persona que le decía "me gustas tanto, tanto" y "te quiero tanto, tanto".

—Olivia, de aquí en adelante voy a ensayar con todo. i Quiero dar lo mejor de mí en tu coreografía! —Le juró

Julián al oído.

—¡Bien! —Olivia le creyó. Era alguien que la quería con el alma, y ahora que estaban juntos, ella haría todo lo posible por cuidar su relación.

El cariño sincero es difícil de encontrar en este mundo; ahora que lo tenía, también lo iba a valorar.

Tal como prometió, Julián se desempeñó de forma extraordinaria en el espectáculo de danza. Era el protagonista masculino nato; con su entrega desbordante y las sugerencias que le aportó a la coreografía, la segunda función, esta vez en el gran teatro del barrio, fue aún más exitosa que el estreno.

Los vecinos volvieron a ir a aplaudirlos. Según ellos, con su típica exageración, esa noche se les pusieron las palmas rojas de tanto aplaudir.

Claro que Adrián y Anna, esta vez, no fueron.

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