Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 488

—¡Vaya, estás bien enterado! —Ella también estaba en Inglaterra, ¿cómo era posible que no supiera nada de esos minidramas sobre patanes?

—Esas productoras de miniseries son de aquí y se distribuyen al extranjero —respondió Adrián con la misma cara de siempre—. Anna está aprendiendo nuestro idioma y por eso las ve.

Olivia asintió.

—¿Julián te trata bien? —le preguntó Adrián.

Olivia lo pensó un momento.

—Sí, muy bien.

—Qué bueno —dijo él con tono apagado.

Los dos volvieron a quedarse en silencio. Frente a ellos el tráfico no paraba, las bocinas sonaban sin cesar, pero todo a su alrededor se sentía extrañamente quieto, como si estuvieran aislados del bullicio.

Olivia revisó el celular: el auto todavía tardaba cuatro minutos y estaba varado en el mismo punto, sin moverse. El tráfico era insoportable. Pensó que mejor volvía al restaurante a sentarsea esperar.

Apenas iba a irse cuando Adrián habló de nuevo:

—Ambos pertenecen al mundo de la danza y comparten la misma pasión; profesionalmente, son el impulso que el otro necesita.

Olivia lo miró, confundida. ¿Qué quería decir con eso?

Adrián pareció ver la confusión en su cara y sonrió

apenas.

—Nada, solo quería desearte lo mejor. Espero que de aquí en adelante siempre seas feliz.

—Claro —Olivia asintió—, seguro voy a ser feliz.

Adrián volvió a sonreír, pero era un gesto frágil, una curva desdibujada y tan leve como el paso de una nube.

Federico, que seguía colgado de su hombro, soltó

varios chasquidos con la lengua y le dio un golpecito en el pecho.

—¿No te sientes mal? ¿En serio no te sientes patético? A mí me da pena ajena... y encima le deseas felicidad.

Adrián bajó la ventanilla y, desde adentro, le dedicó

una sonrisa.

—Adiós, Olivia.

Esa sonrisa era extraña; parecía una despedida definitiva. Ella se quedó clavada en su sitio, sin saber si debía contestar "hasta luego".

La ventanilla se cerró. Lo que Olivia no alcanzó a ver fue que, dentro del auto, Adrián tenía los ojos enrojecidos. En el pecho, justo donde Federico le había golpeado, sentía un nudo que no se le pasaba.

No era solo pena. Era mucho más que eso.

*** El auto de Olivia llegó seis minutos después. Ayudó a Daniela a subir, la llevó a su casa, y emprendió el regreso ella sola.

Nunca se le ocurrió que en esta visita a Altabrisa pudiera estar en peligro. Todo lo que alguna vez la puso en riesgo ya no existía. Ni siquiera Lorenzo lo habría imaginado.

En esos días desde su llegada había salido a pasear y a comer con Daniela sin ningún contratiempo. Pero ese día, después de dejar a Daniela, apenas entró al ascensor, alguien adentro le tapó la boca y la nariz.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)