Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 489

Los dos llevaban gorras y lentes de sol. Olivia no tuvo la menor posibilidad de resistirse; le inmovilizaron brazos y piernas antes de que pudiera siquiera gritar.

La llevaron hasta el estacionamiento subterráneo y la subieron a un auto.

—¿Quiénes son ustedes? —Olivia pensaba a toda velocidad, tratando de encontrar un motivo para el secuestro—. Si lo que quieren es dinero, puedo pagarles.

Lo primero que se le vino a la menté fueron los problemas que había causado su padre. Ya estaba en la cárcel, ¿y aun así no había terminado todo?

¿O sería por su hermano?

Uno de los hombres iba al volante; el otro la sujetaba con fuerza. Cuando la escucharon mencionar el dinero, cruzaron una mirada a través del espejo retrovisor.

Entonces sí era por dinero.

—No voy a preguntar quiénes son. Solo díganme cuánto quieren y cómo se los hago llegar. Se los doy y no involucro a la policía; todos salimos bien de esto. —

Lo único que le importaba en ese momento era mantenerse a salvo.

Pero después de cruzar esa mirada, ninguno de los dos dijo nada más. El que la sujetaba solo advirtió:

—¡Más te vale quedarte quieta!

Olivia no sabía si llevaban armas, aunque al menos por ahora no había visto ninguna.

—No me estoy resistiendo. Mírame, no me he movido ni un poco. No les gano en fuerza ni los alcanzo corriendo; oponerme solo sería buscarme problemas.

Lo único que quiero saber es por qué se arriesgan a esto. Si es por dinero, en serio no hace falta llegar a tanto; ya les dije que puedo pagarles, solo digan una cantidad. —Se esforzaba por mantenerse calmada.

Ya estaba muy oscuro y el auto iba a toda velocidad.

No tenía la menor idea de adónde la llevaban. Si seguían avanzando así, en ese silencio y sin detenerse, ¿significaba que no tenía ninguna oportunidad?

Su única esperanza ahora era Julián. Él la llamaba todas las noches; si esta noche marcaba, ¿podría contestar? Su celular estaba dentro del bolso, y esos dos se lo habían quitado.

En ese momento, el celular sonó.

—Es mi celular —dijo.

—¡No vas a contestar!

Pero apenas terminó la frase, le taparon la boca y la metieron en un saco negro, de pies a cabeza.

La cargaron en hombros.

¿Qué iban a hacer? ¿Lanzarla al mar? ¿Meterla en un barco? ¿Podrían pasar la revisión de seguridad? Las conjeturas se le amontonaban sin parar, el corazón le latía descontrolado, pero el pánico no servía de nada.

Lo único que pudo hacer, la única pista que dejó, fue quitarse discretamente un zapato cuando la levantaron en hombros.

Sintió que la arrojaban al vacío de un enorme hueco dentro de una caja. Tras una serie de sacudidas brutales y ruidos de maquinaria, el impacto final la lanzó contra una pared de acero; el estruendo retumbó en las paredes, multiplicando el dolor en su cabeza.

Luego, aquellos dos dejaron de hacer ruido.

Sobre ella se oían pasos de un lado a otro. Con las manos y los pies atados, no podía moverse.

Cuando la bocina del barco soltó un largo pitido, sintió

el movimiento y el vaivén de las olas.

¿La habían metido en un barco?

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)