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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 494

El licor era fuerte y se le subió rápido. Olivia sintió que el cuerpo le entraba en calor, pero a la vez todo le daba vueltas. Lo bueno era que, una vez aturdida, el miedo ya no era tan intenso.

Cuando terminaron el caldo, los marineros recogieron todo y se fueron cada uno a sus tareas. En la cubierta quedaron solo Adrián y Olivia.

Él nunca la había visto tomar algo tan fuerte. Era evidente que se le había subido: tenía la cara encendida de oreja a oreja.

—¿Estás bien? ¿No te emborrachaste? ¿No te sientes mal del estómago?

Ya de por sí el mareo del barco le daba náuseas;¿

beber licor no lo empeoraba?

Olivia negó, medio aturdida. Se sentía mal, con o sin licor, pero tal vez si se dormía se le pasaría un poco.

—No te duermas, mantente despierta. —Adrián quiso darle unas palmaditas en la cara, pero ya con la mano extendida se contuvo—. Abre los ojos, no te duermas.

—¿Puedes dejar de molestar? —Levantó los párpados con fastidio.

—¡Olivia, si te vuelves a dormir te echo agua encima! i Despierta! Si te duermes me voy y te dejo aquí sola. ¿

No te dan miedo los monstruos marinos? En serio me voy.

Abrió los ojos apenas, vio que seguía ahí y los volvió a cerrar.

—¡Mira! Voltea y fíjate si no viene subiendo esa agua negra.

A Olivia le había costado mucho dejar de tener miedo, y escucharlo decir eso la espabiló. Volteó a mirar:

agua oscura había, por supuesto, pero ¿dónde estaba subiendo?

—¡Adrián! —Estalló furiosa. ¿Este era momento para bromas?

—Ya, ya, despertaste y ya no te duermas. —Retrocedió

contento? Mucha gente piensa que el océano es hermoso, y no lo niego, pero yo le tengo miedo. Por eso nunca incluí ninguna isla en mis planes de viaje.

Pero tú insistías. Tú con tus ganas de ir a la playa a toda costa, ¿no es cierto?

Adrián se quedó inmóvil. Pasó un buen rato antes de que mirara el agua oscura detrás de ella.

—¿Le tienes miedo al mar? ¿Por qué nunca me lo dijiste?

—Pues sí, soy una ingenua, no dije nada, y hasta me convencí a mí misma de que algún día podría acompañarte; que mientras estuvieras a mi lado, no habría nada que temer... —Lo miró con dureza—. i Quién iba a saber que tú serías el peligro más grande!

¡Menos mal que no fui contigo, porque a saber en qué

momento me habrías tirado al mar!

Incontables emociones se agolparon en su mirada.

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