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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 518

—¿Les molesta que tenga esta pastelería? —Todavía traía puesto el delantal, el gorro y el cubrebocas. Era todo un repostero profesional.

—Sí. —El tono de Julián fue tajante—. Si pensaste en abrir una pastelería, ¿por qué tenía que ser cerca de su escuela? ¿Por qué precisamente pastelería? ¿Sabes que a ella le encanta la repostería que le preparo y querías hacerme competencia?

—No es eso… —Adrián sonrió con melancolía—. En serio, este local me lo heredó mi papá.

—Te lo compro. —Julián habló con tono imperativo—. No me importa de quién haya sido, ¡ponle precio!

Esa manera de hablar le recordaba a alguien.

En su momento, cuando a Paulina la despidieron de las dos tiendas, también empezó a vociferar lo mismo: tu tiendita de mala muerte, yo te la compro y ya.

Y, claro, él fue ese pobre infeliz que “sí podía comprarlo”.

Aunque al final no lo compró, el bumerán le caía a él de regreso.

Todo en este mundo se paga y ese era su karma.

Se quitó el uniforme de cocinero.

—¿Te mandó Olivia?

—¡Sí! —dijo Julián sin titubear.

Adrián sonrió.

—No es cierto.

La vergüenza de mentir y ser descubierto se le convirtió en furia.

—¡Pues sí! ¿Tienes idea de los problemas que le causas al tener la pastelería aquí? Tú eres su sufrimiento, cada vez que te ve, vuelve a recordar el dolor; si te queda un poco de conciencia, ¿no podrías considerarla? Aléjate de ella y compórtate como un ex de verdad.

Adrián suspiró.

—¿Vas a decidirte de una vez? Ponle precio, te lo compro y te largas. —Julián lo soltó furioso.

Adrián se volvió hacia Anna.

—¿Qué quieres decir? —La hostilidad en el rostro de Julián se hizo evidente.

—Amar es como cuidar una planta: hay que darle en cierta medida sol, agua y espacio para respirar. Si te excedes tratando de protegerla, terminarás por dañarla —dijo.

Julián sonrió con desdén.

—¿Te crees con derecho a enseñarme cómo amar a alguien? ¿No te sientes avergonzado? ¿Qué vas a entender tú de amar, si la lastimaste sin piedad?

Adrián agachó un poco la cabeza.

—Justamente porque la lastimé, lo entiendo.

—No te engañes. Los dos sabemos qué pasa: descubriste su valor demasiado tarde, ¿cierto? Ahora piensas que es digna de tu amor, ¿no? Te lo digo claro: ¡ni lo intentes!

Adrián negó.

—Solo recuerda esto: cuando Olivia ama, lo da todo. No sabe hacerlo a medias. Yo no fui un buen marido, pero quizás la conozco mejor que tú. No tienes por qué ponerte así; ella es maravillosa, y aunque yo no estuviera, tarde o temprano va a haber alguien que sepa apreciarla, tú no puedes…

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