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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 517

Alguna vez creyó que, mientras hubiera amor, dos personas podían complementarse, comprenderse, superar esos disgustos que no eran cuestión de principios. Pero ya no estaba segura.

Al llegar a casa, comió cualquier cosa, se aseó y se fue a descansar.

Necesitaba pensarlo bien, calmarse. Al menos esa noche, no iba a llegar tan rápido a una conclusión.

A la mañana siguiente, temprano, Julián fue a buscarla con el desayuno en la mano.

—Ya comí. —Olivia ya había tomado unos cereales y un panecito.

—¿Sigues enojada conmigo? —Se acercó para abrazarla—. No debemos guardar resentimientos del pasado. Si algo te molesta, lo arreglamos ahora mismo.

Ella se esforzó por mantener la calma y asintió.

—Bien, vamos a hablarlo. Mira, yo respondo por mí. Te aseguro que no tengo nada de qué avergonzarme. Cada día que llevo a tu lado te lo entrego sin reservas. Pero la vida es larga y el mundo enorme: no es posible que me cierre a conocer a otras personas, ni que no tenga trato con nadie más, incluyendo a Adrián. Él existe aquí y ahora; si de pronto aparece, no es algo que yo pueda controlar.

—Yo lo sé, lo entiendo. Ayer me dejé llevar, perdóname, ¿sí? —Le tomó la mano y se la apretó.

—Espero que de verdad te haya quedado claro —dijo Olivia—. La confianza es la base para que dos personas puedan seguir adelante.

—Sí, mi amor, perdóname… —La estrechó de nuevo entre sus brazos—. ¿Y si vamos a la escuela a ensayar de una vez?

Olivia asintió.

—Vamos.

En esa compañía de danza, ella era la encargada de la coreografía, tenía tanto trabajo como los demás: conocía y podía ejecutar los movimientos de cada bailarina, e incluso los del propio Julián, el bailarín principal.

A eso se sumaba su propio entrenamiento, así que al final del día terminaba tan cansada que le costaba trabajo levantar los pies.

Por suerte, los bailarines eran extraordinarios y muy entusiastas: querían brillar en el festival internacional, así que cada uno ensayaba con esmero.

Olivia los supervisaba a tiempo completo, pero ese día, en un momento dado, Julián desapareció.

Adrián pensó que sería un reclamo por algún pastel y salió a ver. Resultó que era Julián quien lo esperaba afuera.

—Hola, ¿se le ofrece algo? —Lo trataba con cortesía. Respetaba el hecho de que fuera la pareja de Olivia y, en consecuencia, esperaba el mismo trato.

Julián le echó un vistazo al local con desprecio.

—Dime cuánto cuesta tu tiendita.

—¿Cómo? —Adrián no entendió a qué se refería.

—Te digo que más vale que cierres este negocio. Yo te lo compro.

Entonces cobró sentido para Adrián.

Aunque el baile era su pasión, Julián no dejaba de ser el heredero de una familia con una fortuna fuera de lo común.

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