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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 523

Olivia se dio la vuelta.

—Julián, no estoy molesta por su decisión de cerrar la tienda. Lo que pienso es que nosotros no debemos intervenir en la vida de otros. Vamos a ocuparnos de lo nuestro y hacernos responsables de la relación que tenemos, y ya. Lo que haga Adrián, desde el momento en que me divorcié de él, dejó de ser mi asunto. No sé cuántas veces te lo he dicho.

—¡Él no debería estar cerca de ti! ¡No tendría que estar revoloteándote como una mosca! —gritó furioso—. ¡Y encima te disgustas conmigo por él! ¿Quién es tu novio?

—Ya te dije que no estoy molesta contigo. ¿Te dije algo que te hiciera pensar eso? Ayer te fuiste sin avisar, de pronto dejaste de hablarme y ni siquiera te despediste.

Se esforzaba por hablar con serenidad.

—Ayer solo me quedé asombrada. ¿Cómo pudiste hacer algo así? Eso… es invadir el espacio de otra persona.

—¿Y si yo invado su espacio a ti qué te importa? ¿No decías que ya no tenían nada que ver? ¿Por qué te pones así? —Julián seguía molesto.

Ella ya no sabía cómo explicarle lo obvio, era como hablarle a una pared. Apenas empezaba el día y ya no podía con su alma.

Aun así, no quería pelear, y le habló con calma.

—Todos necesitamos respirar, Julián. Da lo mismo si es por Adrián o por nosotros dos. Una relación que no te deja espacio termina asfixiando a cualquiera.

—No entiendo —dijo él—. Que me hables de espacio, está bien. Pero ¿el aire que respira Adrián tiene algo que ver contigo?

Sintió que ya se daba por vencida.

—Nunca dije que tuviera que ver conmigo. ¿Podemos hablar de lo que pasa con nosotros y no de los demás?

—¡Pero tú estás defendiéndolo! ¡Te enojaste cuando supiste que iba a cerrar su local!

Finalmente, se rindió.

Olivia subió al auto.

Él se presentó al ensayo justo cuando estaba por iniciar.

Por su tardanza, Olivia llegó a pensar que, si no aparecía, tendría que recurrir otra vez al suplente. Por suerte, él parecía tener claras sus prioridades.

A partir de ahí, ellos cayeron en una guerra fría.

Cada vez que terminaba el ensayo, él se iba. Ya no la esperaba, tampoco pasaba por ella, no le preparaba comida rica; ni siquiera la acompañaba a sus terapias de rehabilitación.

No sabía qué pretendía él con eso, pero empezó a cuestionarse: ¿Solo por ser mayor que él y haber tenido un fracaso en su matrimonio, tenía que consentirlo siempre? Era como si fuera un niño y ella su madre.

En esos días los ensayos eran muy intensos. Todos trabajaban por el mismo objetivo, con la ilusión de brillar en el festival; nadie se atrevía a bajar la guardia.

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