Entrar Via

Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 538

Olivia se defendía con todas sus fuerzas, pero Julián la mantenía inmovilizada contra la cama.

Sus ojos desorbitados mirándola a ella, parecían destellar con una luz capaz de arrasarlo todo y le preguntaba una y otra vez:

—Yo te di tanto, ¿con qué piensas pagármelo? ¿Cómo puedes usarme y tirarme así, dejarme de lado? Sin mí, ¿crees que estarías donde estás hoy? Dímelo.

Luego añadió:

—¿Quién te sacó de la oscuridad? ¿Quién te ayudó a volver al escenario? ¿Quién dejó atrás la fortuna millonaria de su familia para venir a este rincón olvidado y ser tu bailarín principal? Ahora que conseguiste un reemplazo más joven, ¿ya no me necesitas? ¿Cómo puedes ser tan cruel?

Olivia negaba con la cabeza con desesperación.

Pero no servía de nada. En sus ojos ya no quedaba nada salvo una agudeza enloquecida que ella no lograba descifrar.

—Bebé, di que no vas a romper conmigo. Dilo ya. Di que me amas. Si lo dices, te suelto. Solo si me entregas tu vida entera podrás saldar la deuda, ¿me escuchas?

Olivia no podía pronunciar una sola palabra: él le tapaba la boca con fuerza y los ojos se le anegaron de lágrimas a punto de desbordarse.

—¿Vas a ponerte así de terca? ¡No puede ser! Bebé, eres mía, ¿lo entiendes? ¿Sabes cuánto te amo? Por amarte soy capaz de darlo todo, ¿lo entiendes?

Bajó la cabeza e intentó besarla a la fuerza.

Olivia sentía un dolor punzante por la presión. El aroma denso de las azucenas se mezclaba con la furia descontrolada que él emanaba y le revolvía el estómago.

Un segundo antes de que sus labios la rozaran, reunió todas sus fuerzas, giró bruscamente la cabeza a un lado y consiguió liberar una mano.

Una cachetada seca y limpia se estrelló contra Julián.

El tiempo pareció detenerse en ese momento.

Todos los movimientos de Julián se congelaron.

Permaneció inclinado, con la cabeza ladeada, mientras en su mejilla izquierda iban apareciendo con nitidez las marcas rojas de su mano.

En cuanto sus miradas se cruzaron, ella tomó la manta del suelo y se envolvió en ella, jadeando, con espanto.

Al verla así, él cerró los ojos con dolor.

Fiorella le suplicó a Alan con angustia:

—Perdón, déjenlo conmigo. Yo lo voy a vigilar, se los juro, se los pido por favor, no le peguen, no lo lleven a la policía, déjenmelo a mí.

Alan no se atrevió a decidir por su cuenta y miró a Olivia.

Ella asintió y entonces se llevaron a Julián, escoltado, a la casa de al lado.

Al cruzar la puerta, él giró la cabeza. Quería explicarse: no quise asustarte, solo… solo quería verte, pero no me dejabas entrar.

Abrió la boca para hablar, pero no le salieron las palabras.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia)