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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 544

Adrián no pegó el ojo en toda la noche, con miedo de no escuchar la “señal” que Lorena y Santiago pudieran enviarle. El cambio del aromatizante en la habitación de Olivia, ahora con fragancia de gardenia, también había sido idea suya.

Por fin daba resultados.

Después venía el segundo paso: durante el día, no dejar que Olivia se quedara encerrada en la habitación. Había que sacarla a la calle, gastar energía, para que en la noche durmiera profundo.

Al principio, la idea era hacerla bailar.

Pero Santiago no estuvo de acuerdo; temía que le removiera recuerdos dolorosos, así que por ahora nada de baile.

Entonces le tocó entrar en acción a Mercedes.

Se asomó apenas a la puerta con cara de duda y enseguida se escondió.

—¿Abuelita? ¿Pasa algo? —preguntó Santiago, y luego le dijo a Olivia—: Voy a ver.

Olivia asintió.

Santiago dio una vuelta afuera y regresó. Olivia le preguntó:

—¿Qué le pasó a la abuelita?

—Ah —dijo Santiago—. Me preguntó cómo se escribe una carta de disculpa en inglés.

Olivia hizo una mueca de extrañeza.

—¿Y por qué tiene que disculparse la abuelita? ¿Con quién?

—Es así —explicó Santiago a detalle—. Resulta que hoy la abuelita tenía una reunión con varias familias del lugar, pero ya no va a ir. Piensa mandarles un postre y una carta para disculparse.

—¿Y por qué ya no va a ir? —Olivia tanto deseaba que Mercedes tuviera sus propias amigas en tierra extranjera, que estuviera contenta.

Santiago se quedó callado.

A Olivia no se le escapó nada. Seguro era por ella.

—Que la abuelita vaya. Yo me quedo en casa, no pasa nada —dijo Olivia.

Santiago puso cara de apuro.

En la mañana fue de compras. Aunque Alan y los demás la acompañaban, a ella le tocaba caminar.

Compraron muchas cosas, recorrieron casi todo el mercado, y varias veces.

Mercedes incluso le pidió perdón.

—Oli, ¿no te estoy cansando? En nuestras reuniones nos turnamos para esto, y ahora nos tocó a nosotras.

—¡Para nada! —Se apuró a decir Olivia—. No estoy cansada, abuelita.

En ese momento no lo sintió, pero en la tarde la situación cambió. Cocinaron para unas veinte personas y, entre tanta pizza, pan y pastel recién horneados, las amasadoras no daban abasto. Olivia terminó con los brazos doloridos de tanto amasar.

Total, que Olivia, la misma que en la mañana solo tomó un café y dijo que no tenía hambre, y que al mediodía en el mercado se tomó un jugo y siguió insistiendo en lo mismo, terminó comiéndose un buen filete de res, media pizza y un montón de cosas más en la noche.

Llegó a casa a las ocho de la noche. Se dio un baño, se acostó y se quedó dormida sin fijarse siquiera si había alguien acompañándola en la habitación, porque le daba igual.

Esa noche, otra vez entre la bruma del sueño, escuchó el rumor del viento entre las hojas, y un aroma casi imperceptible a gardenias. Durmió de un tirón hasta la mañana siguiente.

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