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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 546

Todo lo ocurrido en esos días era un sueño que todos tejieron para ella; en ese sueño hermoso, ella era como una planta enferma que, al recibir de nuevo sol y lluvia, volvía a florecer.

Ese “todos” incluía también a Adrián.

Es más, era posible que él dirigiera todo.

Olivia no siguió caminando, sino que dio un rodeo.

Mercedes despertó y, al no verla durmiendo en el cuarto, se llevó tremendo susto y salió corriendo a buscarla.

Todos creían que las dos seguían descansando, y al enterarse de que ella no estaba, también se alarmaron; recorrieron el rancho buscándola por todos lados, hasta que la encontraron en cuclillas en la zona de partos, junto al ranchero que asistía a la vaca, contemplando al ternero recién nacido.

El sol naciente bañaba el rancho lechero, y la hierba de un verde intenso parecía cubierta por una capa de oro.

En medio de aquel amanecer dorado, ella les hacía señas con la mano y reía.

—¡Abuelita, Lorena, Santiago, vengan a ver! ¡La vaca tuvo un ternerito!

Los tres se quedaron parados a poca distancia, y su sonrisa les humedeció los ojos.

Como rara vez iban al campo y ella estaba tan contenta, decidieron de común acuerdo quedarse otra noche allí. Así que en la mañana Santiago la llevó a montar a caballo, y por la tarde dejó que los trabajadores la pasearan a todas partes para que viera cómo se hacía el queso y la mantequilla.

Esa noche, agotadísima, Olivia cenó al aire libre con su familia.

La luna llena dominaba la noche. Recostada junto a Mercedes, bebía el yogur helado que hacían ahí mismo y comía la carne asada que despedía un aroma delicioso. Sentía un desfase total entre el sueño y la realidad; ya no sabía si el sueño era el presente o si lo había sido todo su pasado.

Santiago se levantó y tomó un plato de carne asada para llevarlo hacia la hilera de casas que quedaba atrás.

—Santiago —ella lo llamó—, ¿a quién se lo llevas?

Vio cómo la luz de la lámpara proyectaba en el suelo la sombra de alguien.

Santiago entendió que ella ya lo sabía. Optó por no llevar la carne; dejó el plato y dijo:

—Sal.

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